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Redactado por Paco Yusty, el 8. may., 2012
Cierto José Luis, gracias por refrescarme la memoria y añadir datos que yo había pasado por alto. En efecto, era el Valdés.

Un abrazo
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Redactado por Jose L Torres, el 6. may., 2012
El "Valdes" Paco, era el Valdes. El Comandante era Benitez. Cuando una vez "montados" en el muelle dieron el portalon pasó un fando con el cuadro ese de las fotos de los jefes, y al estar a nuestra altura dice juanito orti "ese va a cambiar la foto del Comandante...". La 110 casi al completo tambien estaba(mos) alli.
Por cierto, la Virgen del Carmenno andaba lejos, pues cada dia la corbeta entraba antes de nosotros y atracaba a nuestra proa, ese dia tuvo algo que la retrasó y no estaba amarrada, si llega a estar la pasamos por la quilla---
Lo bueno es que dado el calor que desprendió la chapa al arrugarse esta quedó fundida y el barco volvió a Cartagena por sus medios sin problema alguno... y los del curso tuvimos un par de inesperados dias libres. Abrazos a todos
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Redactado por Constantino, el 3. may., 2012
¿El Mar o La Mar?

Hola sin olas:

Es natural que los marinos seamos más propensos al trato femenino de la mar que al masculino por el hecho simple de que, artículo y nombre, nos definen en su conjunto y en muchos casos, alguna carencia femenina y generalizada por humana, la de La Madre, La Esposa, La Amante, La Amiga; incluso en último recurso, La Virgen del Carmen. Darle carácter de femenino pues, supone una táctica mental poderosa e involuntaria que atenúa desde siglos La Soledad propia de cualquier Marino. Digo….

Constantino
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Redactado por Javier escribano, el 29. abr., 2012
me ha encantado la historia de joaquin Molla, yo solo tengo un barquito pequeño pero me imagino lo que de ser el peso de la responsabilidad de tener que mandar un barco lleno de gente, y que bueno tener un amigo como matias!
Redactado por Joaquin Mollá, el 18. abr., 2012
Lo de la Soledad del Mando encuentro que es una frase hecha que casi nunca tiene sentido, pues en la realidad, mandando es cuando más acompañado se siente un capitán y más apoyado por todos los lados; pienso en cuando era tercer oficial y en lo solo que me sentía algunas veces e incluso recuerdo algún capitán que ni siquiera me dirigía la palabra directamente: "dile al tercero, que si levanta la niebla me llame inmediatamente" le decía D. José al Primero y este me lo decía a mí, y yo contestaba: dile al Capitán que así lo haré; Luego aquellas guardias desde la medianoche a las 4 y de 12 a 16 en las que siempre andabas solo, comías a las 11, antes que los demás, y en general deambulabas como un sonámbulo y nadie contaba contigo, pero no, eso no es la soledad del mando, lo comprendí mucho más tarde.
Durante muchos años estuve como 1er.Oficial de un hombre que marcó mi vida: D.Matias, que mi hermano Luis inmortalizó en su novela "La Septima Ola". El caso es que por ley de vida nos separamos para iniciarme en el difícil arte del mando de un buque y como todos empecé como capitán en un desvencijado y quejica carguero con el que un día me encontré a las ocho de la mañana de un plácido y precioso día de primavera atracado estribor al muelle con la proa apuntando al sur, directamente a un arrecife. Finalizada la maniobra iniciamos la tradición de desayunar con el practico en el Puerto del Rosario en la isla de Fuerteventura, cuando este me comenta que tiene una boda en Corralejo y me pide no venir a la maniobra de salida, avisándome de que no podríamos tener comunicación por teléfono por falta de cobertura. Yo le dije que no había ningún problema y que disfrutara de la boda; en el fondo casi todos los capitanes creen que la figura del práctico en las rutas habituales es mas jurídica que práctica. El caso es que se fue y yo me pegué una siesta después de comer y las tres de la tarde me desperté con esa sensación de que algo no va bien y no sabes qué. En cuanto llegué al puente lo supe enseguida: el viento superaba los 25 nudos de levante y prácticamente subía el barco encima del muelle. En esas condiciones era imposible separarse del muelle sin acabar en el arrecife y el mundo se me vino encima, sin nadie en el puente, ni nadie en quien apoyarme: solo. ¿Solo? efectivamente eso era la soledad del mando En ese momento lo comprendí, según se acercaba la hora de salida las piernas me temblaban más y el miedo se apoderaba de mi. El viento siguió arreciando y alcanzó los 30 nudos. Tenía que salir o delataría al práctico y a mí mismo. Llegó la hora y el personal ocupó sus puestos. Todos me miraban intentando adivinar mis intenciones y comenzó la fiesta: Larga todo, vira codera y lateral toda a babor. Motor de babor avante media, estribor atrás toda. ¡Nada¡ el barco no se movía, de modo que maniobra abortada y a esperar.
Preso de los nervios en el camarote, di con la solución: ¡MATIAS¡ Entonces marqué su número de teléfono 971............. y enseguida su voz al otro lado de la línea, seca, dura, maravillosa… Le conté el lio en que me había metido y me sorprendió con una pregunta inesperada: ¿tienes una botella de Whisky a mano? No –le contesté-, pero tengo una garrafa de Moscatel de Chiclana. Vale, tómate cuatro tragos y a continuación pasó a explicarme la maniobra.
La cabeza me hacía cosas raras, el moscatel hacía su papel. Ya en el puente las órdenes salían disparadas de mi boca y metiendo la proa al muelle y buscando la popa el viento y atrás toda el barco obedeció y finalmente libramos los arrecifes y arrumbamos al sur en demanda de Las Palmas de Gran Canaria. Como si no pasara nada le comuniqué al 1er oficial: que me llamen una hora antes. Buenas noches.
Ya en el camarote, solo como siempre aunque con mi garrafa de moscatel por la mitad, levanté mi copa: Gracias Matias. Gracias Capitán.
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Redactado por Paco Yusti, el 18. abr., 2012
Junio de 1978.

Crucero de Instrucción de los Alumnos de la Escuela Naval, a bordo del L-11 “Velasco”.

Andaba yo en el 2º curso de Aspirante, embarcado en el L-11 “Velasco” y el día antes de llegar a Cádiz, el profesor que nos pastoreaba, mi ahora buen amigo Pipo Dupuy, nos concedía pernocta a aquellos que tuviéramos algún familiar en la ciudad. Naturalmente todos nos inventamos algún pariente, con objeto de tener la tan ansiada libertad en un puerto como éste. Yo dije que mis padres estaban en Cádiz de vacaciones, lo cual era una mentira bastante creíble, pues toda la marina conocía a mi padre y sabía que estaba en la segunda reserva.

Al día siguiente, a las 9 de la mañana y ya atracados en Puntales, se me acercó el “proto” y me dijo: Yusty, por un mensaje nos han comunicado que hace dos días que han operado a tu madre de vesícula y que se encuentra perfectamente. “Vete a ver al Capitán López Nuche, que está en el Estado Mayor del Mando Anfibio y que te permita llamar por teléfono a tu casa.”

Y acto seguido, en tono sarcástico añadió: “Por cierto, deduzco que tus padres no están en Cádiz; de todas formas no hay inconveniente en que tengas pernoctada pues seguro que tienes algún pariente en Cádiz o San Fernando, ¿Verdad?”

A lo que me limité a responder: “Por supuesto, muchas gracias Mi Oficial, a sus órdenes.”
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Redactado por Paco Yusti, el 18. abr., 2012
Paco Yusti inaugura la barra del pub con una sabrosa historia de su juventud en los barcos.

Hacia los años 80 seguía dándose mucha importancia al bombardeo de costa, una de las lecciones aprendidas de las últimas guerras, y para hacerlas más precisas hacía falta la incursión previa en la zona en cuestión de un observador que corrigiera el tiro de los barcos. Para ello se hacía un curso conocido como GEOAN, y las prácticas de estos cursos han dado lugar a muchas historias interesantes, cuando no desternillantes. Paco Yusti nos trae la primera de ellas...

Allá por el año 1980, siendo alférez, asistíamos toda la promoción 111 de Infantería de Marina al curso de GEOAN (Enlace y Observación de Artillería Naval); también hacían el curso cinco tenientes del Ejército de Tierra. Los disparos se hacían sobre Isla Plana y la observación desde la Isla de Cabrera, ambas en el archipiélago balear. El transporte hasta la isla de Cabrera se hacía a bordo del destructor Marqués de la Ensenada.



El comandante, cuyo nombre ahora no recuerdo, al regreso a Porto Pi después del primer día de tiro, nos hizo una demostración de habilidad marinera atracando el barco sin ayuda de remolcadores y a una velocidad sorprendente. Los alumnos viajábamos de pie en la toldilla por lo que pudimos observar la impecable maniobra que nos dejó verdaderamente sorprendidos a todos los que allí estábamos.



El segundo día, ya no nos sorprendió la velocidad de la maniobra, pero llegó un momento en que nos pareció excesiva; luego supimos que un error en el telégrafo daba orden avante cuando el operador daba atrás. La bofetada contra el muelle fue morrocotuda y el barco se “montó” unos 5 metros encima del muelle.



Una vez pasado el susto y con el barco ya quieto, uno de los tenientes del Ejército de Tierra rompió la tensión con una pregunta no menos sorprendente: ¿Soléis entrar así en los puertos?

Las miradas de todos los que allí estábamos fueron una respuesta contundente.
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Comentarios

24.09 | 10:30

Tomo nota. Gracias

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24.09 | 10:28

Gracias a usted. Le animo a rescatar la figura de D. Álvaro en alguna de sus futuras obras. La formación humanística, militar y diplomática lo hacen ser único.

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23.09 | 21:52

Me alegro mucho, y gracias por el comentario

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23.09 | 21:51

Tienes toda la razón. Seguramente quise decir de su siglo, pero, efectivamente hacemos sitio a don Álvaro en esta, ya, trilogía. Gracias por el apunte

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