Historia de una felonía

   De siempre se ha considerado al Titanic el naufragio más emblemático de todos los tiempos, lo que ha quedado certificado en su centenario con un despliegue mediático que ha acaparado todos los adjetivos, incluido, para algunos, la etiqueta de peor catástrofe marítima de todos los tiempos, un triste record que no le corresponde si tenemos en cuenta el final del Wilhem Gustloff, un buque de pasajeros hundido en aguas bálticas con un balance próximo a las diez mil víctimas.

   El Gustloff era un antiguo barco de recreo reconvertido en transporte militar con ocasión de la II Guerra Mundial. En mayo de 1939 estuvo en España para embarcar y devolver a su país a la Legión Cóndor, que había ayudado a Franco a ganar la Guerra Civil española.

   En enero de 1945 los alemanes eran conscientes de que la guerra estaba perdida. Los viejos aliados rusos habían roto el frente oriental y avanzaban hacia Berlín con paso firme; como consecuencia los civiles alemanes escapaban hacia el norte aterrorizados por las historias que se escuchaban sobre el trato de los bolcheviques a los prisioneros. Como quiera que el gobierno alemán había dado orden a las tropas de resistir hasta el final, la ciudad de Gotenhafen, la antigua Gdynia polaca, se convirtió en una bolsa de refugiados donde a finales de enero se hacinaban más de sesenta mil alemanes. En estas circunstancias el almirante Doenitz dio orden de ejecutar la Operación Aníbal y el Gustloff pasó a ser uno de los veinte buques dispuestos para la evacuación de los atemorizados refugiados.

   Los oficiales alemanes trataron de organizar la evacuación estableciendo una serie de prioridades: mujeres, niños, heridos, ancianos… , pero había demasiado miedo y confusión y Aníbal terminó convertida en un sálvese quien pueda en el que todo el mundo trataba burlar la guardia para subir a bordo de cualquier barco. De este modo el Gustloff, con capacidad para 1.885 personas, embarcó oficialmente seis mil, aunque las últimas investigaciones elevan la cifra hasta las 10.582.

   A mediodía del 30 de enero el buque zarpó de Gotenhafen rumbo a Dinamarca. Hacía un tiempo de perros pero su capitán decidió navegar completamente a oscuras en busca de un convoy protegido que formaba parte de la Operación Aníbal. En medio de una fuerte nevada y temperaturas por debajo de diez grados bajo cero, el Gustloff se perdió en la noche. A bordo no había nada para comer, aunque la mayoría de la gente iba tan mareada que tampoco lo echaba de menos, mientras que por otra parte las nubes bajas, densas y oscuras ofrecían un magnífico paraguas contra los ataques aéreos y el oleaje, que no podían ver pero sí sentir, ofrecía a los aterrorizados pasajeros una idea de seguridad contra los torpedos de los temidos submarinos soviéticos.

   Alexander Marinesko era un marino mercante ucraniano reconvertido en comandante de submarinos que necesitaba reivindicarse para ganarse el favor del politburó, después de haber sido expulsado del partido comunista por su afición a la bebida. Desde que dos años atrás recibió el mando del S-13 había estado buscando la oportunidad de limpiar su imagen y pareció encontrarla cuando después de desperdiciar 4 torpedos en el buque de transporte Sigfrid, salió a superficie, lo bombardeó y reclamó las seis mil toneladas de su hundimiento. Sin embargo, para su desdicha, el Sigfrid llegó a puerto y desmintió no sólo su hundimiento, sino el tonelaje reclamado que era solo de la mitad. En enero de 1945, mientras los refugiados alemanes comenzaban a concentrarse en Gotenhafen, Marinesko añadió otro borrón a su hoja de servicios al ser declarado prófugo después de desaparecer de su base durante varios días. Las explicaciones que dio relativas a cierta amante sueca no convencieron a sus jefes, que lo enviaron a navegar mientras consideraban seriamente su purga.

   En este contexto Marinesko volvió a verse en el Báltico en medio de un temporal horroroso y aunque sabía que tenía pocas probabilidades de detectarlo en la oscuridad de la noche, su periscopio buscaba ávidamente un grupo de combate con el que los alemanes trataban de apoyar su famélico frente oriental. El comandante del S-13 encontró al fin razones para confiar en su rehabilitación cuando repentinamente la oscuridad dio paso a las luces de un buque de gran porte que imaginó parte del grupo naval que buscaba. Para asegurar el tiro, Marinesko ordenó una salva de tres torpedos.

  El reloj acababa de dar las nueve cuando el capitán del Gustloff creyó ver unas sombras que asoció con los barcos del convoy, por lo que decidió encender momentáneamente las luces para permitir su identificación, una imprudencia que le costó encajar tres torpedos que hundieron su buque en apenas 50 minutos, llevándose la vida de 9.343 hombres, mujeres y niños. El propio grupo naval que buscaba Marinesko consiguió rescatar con vida a otros 1.239 náufragos. Pocas semanas después se repitió la misma historia con distintos protagonistas, cuando el submarino L-3 hundió al buque hospital Goya con el saldo de otros siete mil alemanes muertos. En total la caótica Operación Aníbal se cobró cerca de trescientas mil vidas.

   En cuanto a Marinesko, diez días después de acabar con el Gustloff hundió otro transporte, el Steuben, al que confundió con el crucero Emden, con otro saldo trágico de 4.500 civiles muertos. Terminada la guerra fue propuesto como “Héroe de la Unión Soviética”, pero finalmente fue descalificado debido a sus antecedentes. Acusado de malversación de caudales, pasó dos años prisionero en el campo de concentración de Kolyma, de donde salió arruinado física y moralmente. Falleció en Leningrado como un indigente a los 50 años.

   En 1990, con ocasión del cincuenta aniversario de la que en Rusia es conocida como la Gran Guerra Patria, Marinesko fue rehabilitado como un héroe. En cuanto al Gustloff, a pesar de haber sido dinamitado por los rusos en el fondo del mar, sus restos se conservan a 42 metros de profundidad en un estado bastante decente, constituyendo uno de los pecios más atractivos de los buceadores de todo el mundo.    

Un saludo,
Luis Mollá

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Comentarios

12.06 | 15:51

Acabo de "devorar" el libro.
Sólo puedo dar las gracias por recordar a ese puñado de marineros, que con un par se echaron a la mar en Sanlúcar.

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06.06 | 09:03

No, pero te cobrarán 3 euros a la entrada con lo que podrás tomarte un vino, una cerveza o un refresco. Un saludo

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06.06 | 08:56

¿Hace falta invitación para la presentación en Madrid?

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01.06 | 21:02

Muy interesante

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