La hora más amarga

La pequeña y corta historia de un barco

La Guerra Civil se vertebró a base de combates principalmente en tierra, aunque las marinas de ambos bandos jugaron un papel esencial en la misma, pues cada una de ellas tenía como objetivo principal facilitar la llegada de armas a su ejército y negárselo al mismo tiempo al enemigo, de manera que los combatientes en tierra pudieran mantener el esfuerzo de guerra.

Reteniendo la base de Cartagena, la República se quedó con la parte más importante de la Flota y todos los submarinos, pero, cediendo en Ferrol, las dos unidades navales más decisivas que se terminaban de construir en aquellos momentos en los astilleros gallegos, los cruceros “Canarias” y “Baleares”, quedaron del lado de los nacionales, compensando en buena parte la balanza de fuerzas navales.

Desde el punto de vista naval y a pesar de su ligera superioridad los primeros años fueron de repliegue republicano y empuje nacional. La Flota republicana (FR) necesitaba un golpe de efecto para subir la moral de sus hombres, por lo que sus jefes planearon un ataque a la bahía de Palma de Mallorca, donde informaciones de inteligencia situaban buena parte de la Flota nacional (FN).

El plan de ataque era simple: un grupo de torpederas rusas recién adquiridas partiría de Alicante al atardecer del cinco de marzo, para encontrarse de noche con su fuerza de protección y atacar la bahía de madrugada, desapareciendo a continuación a toda velocidad. El ataque se produciría bajo la protección del grueso de la FR, al mando del Almirante Luis González de Ubieta, formado por los cruceros “Libertad” y “Méndez Núñez”, escoltados por los destructores “Sánchez Barcáiztegui”, “Gravina”, “Lepanto”, “Almirante Antequera” y “Lazaga”. Su misión principal era el reabastecimiento de combustible y protección de las lanchas torpederas.

Pero es una constante de la guerra que los planes duren lo que tarde en aparecer la primera contingencia, y así, poco después de la medianoche, Ubieta supo que las torpederas habían tenido que regresar a Alicante debido al mal tiempo, ordenando el repliegue de los destructores que había destacado para proteger a las lanchas durante su aproximación a Mallorca.

Lo que no sabía el almirante de la FR era que los nacionales tenían su propio plan, que consistía en escoltar un convoy mercante hasta el Estrecho, de manera que desde el mismo atardecer del día 5 un grupo compuesto por las principales unidades de la FN, cruceros “Canarias”, “Baleares” y “Almirante Cervera”, al mando del Almirante Manuel de Vierna, estaba en la mar y se acercaba a la FR. Ninguno lo sabía, pero el encuentro era inminente.

El “Canarias” y el “Baleares” eran barcos potentes, rápidos y con una capacidad y alcance artillero muy por encima de la de sus enemigos, pero sin escolta resultaban vulnerables a los ataques de torpedos de los destructores de la FR y de sus submarinos, de haberlos habido. Cuando, de manera inesperada, se produjo el encuentro pasados 40 minutos de la medianoche, unos y otros tenían mucho que temer de sus adversarios.

Al parecer, el primero en vislumbrar al enemigo fue el destructor republicano “Sánchez Barcáiztegui”, cuyo comandante, tras calcular que los buques enemigos se encontraban a menos de dos mil metros, sorprendido por el increíble encuentro ordenó lanzar contra ellos dos torpedos que fallaron debido a la premura con que se hizo el cálculo de tiro.

Por su parte, sorprendido por el encuentro y el ataque, Vierna ordenó a sus cruceros cambiar radicalmente de rumbo para alejarse de la FR, pues no era ajeno al hecho de que la potencia de fuego de sus barcos no serviría de nada durante la noche, mientras que, por el contrario, estos podían ser blanco fácil de los torpedos de los destructores enemigos.

Pero Ubieta no supo sacar partido a su superioridad nocturna y temiendo el fuego enemigo, después de patrullar sólo media hora decidió regresar a Cartagena. Parecía que ambas escuadras preferían ignorarse y seguir rumbos de alejamiento, pero en la mar, sobre todo en tiempo de guerra, el hombre propone y Neptuno dispone, y el barbudo dios del tridente y la barba blanca les tenía reservada una sorpresa... 

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Crucero Baleares. Potente, rápido y bien artillado. Vulnerable a los torpedos sin fuerza de protección

 

El hundimiento

Tras mantener el rumbo de alejamiento de la FR durante una hora, hacia las dos de la madrugada Vierna decidió retomar el inicial para seguir dando protección al convoy, pero el destino volvió a jugarle una mala pasada y poco después de enmendar el rumbo distinguió de nuevo la figura borrosa de los navíos republicanos en medio de la oscuridad. Incrédulo por la insistencia del destino en enfrentarle al enemigo en la peor disposición táctica, en esta ocasión el almirante prefirió adelantarse a sus enemigos y ordenó lanzar varias granadas luminosas para señalar los objetivos a la artillería, un error que resultaría de extrema gravedad, pues con el enemigo a barlovento las bengalas terminaron iluminando su propio barco como un árbol de navidad, mientras que apenas mostraban la silueta de los enemigos. Sin quererlo acababa de sentenciar al buque insignia de la FN.

Para el bando republicano la situación era justo la contraria. Es muy probable que ante aquel torrente de luz que le ponía en bandeja a uno de las mejores unidades de la Flota enemiga el almirante Ubieta se frotara las manos antes de ordenar al “Sánchez Barcáiztegui”, “Antequera” y “Lepanto” pasar al ataque, y de que en menos de tres minutos estos destructores ejecutaran el lanzamiento de doce torpedos a una distancia de entre dos y tres mil metros contra un enemigo que constituía un blanco perfecto al presentar su flanco de babor nítidamente iluminado por sus propias bengalas.

Sin posibilidad de virar dado lo apresurado de los acontecimientos, el “Baleares” recibió el estruendoso impacto de dos de los torpedos, probablemente lanzados por el “Lepanto”, justo a la altura de uno de los pañoles de munición, lo que hizo que diera un brinco y se detuviera agónico sobre el mar, llenando la noche de una intensa luminosidad y el ambiente del sonido de las múltiples explosiones que lo reventaron por dentro. Inmediatamente a continuación el crucero se quedó sin propulsión y sin luz antes de comenzar a hundirse.

Desde el primer momento la mortandad a bordo fue extraordinaria, incluyendo entre los muertos todos los que iban en el puente de gobierno en ese momento, incluido el almirante Vierna, el comandante, CN Fontenla, y los jefes más conspicuos, quedando como oficial más antiguo con vida el TN Manuel Cervera Cabello que, a pesar del dolor que debía producirle el hecho de que entre los muertos se contara su hermano pequeño José Luis, tuvo que dedicar toda su energía a organizar la evacuación, ordenar apagar incendios, arrojar al mar los proyectiles envueltos en llamas y preparar el abandono de buque mientras los médicos trataban de atender a los innumerables heridos y moribundos. La situación se prolongó durante cuatro horas hasta que la escora impidió a los hombres permanecer a bordo.

Tras el ataque, los cruceros “Canarias” y “Almirante Cervera” decidieron abandonar la escena de acción a toda máquina, por una parte porque la carga del convoy que escoltaban era de vital importancia para el desarrollo de la guerra y porque el “Baleares” iluminaba la noche como una antorcha convirtiéndolos en blanco fácil de un segundo ataque de torpedos. Por parte de la FR el almirante Ubieta, viendo que la luz de los incendios también iluminaba a sus barcos, prefirió retirarse para no ser pasto de los cañones nacionales. El “Baleares” y los desdichados miembros de su tripulación que habían conseguido sobrevivir hasta ese momento se quedaron solos.

El crucero insignia de la FN se hundió a las cinco de la mañana, arrastrando consigo la vida de 788 hombres y dejando la superficie del Mediterráneo salpicada de hombres que pedían auxilio impregnados con la asfixiante capa de combustible que cubría las aguas. Fue entonces cuando aparecieron los cruceros ingleses  “Boreas” y “Kempenfeld”, que, tras observar la claridad producida por el fuego, se acercaron a la zona del hundimiento consiguiendo entre ambos rescatar un total de 470 supervivientes.

A las ocho de la mañana, cuando el “Baleares” reposaba ya para siempre en el fondo del Mediterráneo, regresaron el “Canarias” y el “Almirante Cervera” después de dejar el convoy a buen recaudo. Con las tareas de salvamento ya realizadas por los buques ingleses, únicamente tuvieron la oportunidad de enviar unos mensajes de agradecimiento a los británicos. Uno de ellos, remitido por el “Canarias” al “Kempenfeld”, lo recoge Manuel Cervera Cabello en su libro “Crucero Baleares. Diciembre 1936 - Marzo 1938”. Dice así: “Thank you by your humanitarian service. The Spanish national fleet will never forget the kindly behavior of the English fellows...".

Gracias, pues, a los ingleses y honor a todos los marinos que dieron su vida en el mar en el cumplimiento de su deber.

Dedicado con cariño a mi amigo y compañero de promoción el CN Manolo Caridad, que existe y es lo que es gracias al rescate de los buques ingleses. En homenaje también a su padre, uno de los supervivientes, a quien le tocó vivir una de las experiencias más amargas de la gente de mar.

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Gráfico del combate

 

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Comentarios

03.07 | 21:48

Actualmente estoy leyendo su libro sobre la historia de la navegación. Lo estoy saboreando....la historia de los duros antiguos...
Mil gracias, mi capitán.

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06.06 | 22:52

Hola soy antiguo electrónico de la Armada, después de leer y oír hablar del Galatea, fui a visitarlo a Glasgow, es una maravilla como lo han recuperado.

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24.05 | 11:55

Muchas gracias a ti, Pedro, por el comentario. Un abrazo.

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24.05 | 10:52

Buenos días. Ayer hallé su relato "Sudario de hielo", fascinante propuesta al misterio del San Telmo tras enfrentarse al Cabo de Hornos. Extraordinario. Gracias

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