Piratas del Caribe

Con todos y contra todos

   De entre todos los piratas, es muy probable que John Hawkins represente el paradigma de todos ellos si entendemos la expresión bajo el paraguas de ese eufemismo que ellos mismos gustaban tanto de aplicarse: Caballeros de fortuna, que no es sino la forma de entender el hecho de ganar cuanto dinero fuera posible, estableciendo alianzas que no tardaban en desmoronarse bajo la poca consistencia efectiva que tenía su palabra de caballeros.

    John Hawkins nació en Plymouth en 1532 y con veinte años ya nos lo encontramos surcando las aguas del Caribe en busca de fortuna. Sus primeros negocios estuvieron relacionados con el tráfico de esclavos, sin embargo, a pesar de lo lucrativo de la negrería de la época, no tardó en darse cuenta de los peligros y dificultades de la captura de la mercancía, dedicándose desde entonces a asaltar buques negreros españoles para quedarse con la carga que vendía en puertos del Caribe. Tampoco dudaba en asaltar pequeñas colonias costeras para someter a sus habitantes y quedarse con sus pertenencias.

    Pero Hawkins era un tipo inteligente y compartía los beneficios de sus rapiñas con la corona, lo que le permitía atracar en puertos ingleses cuando era necesario y defenderlos de franceses o españoles cada vez que se veían en peligro, de ese modo, con cuarenta años fue nombrado tesorero de la Marina Real y almirante diez años después, participando como tal en 1588 en la batalla contra la Armada Invencible.

    A los 61 años se vio con fuerzas para mandar una enorme expedición al Nuevo Mundo, falleciendo por causas naturales cuando se encontraba en Puerto Rico.

    Del oportunismo de Hawkins da idea que en 1571 pactara con el duque de Feria proveer a España de una gran flota compuesta por 16 naves, más de 1500 hombres y cerca de 500 cañones, para combatir a la corona inglesa a cambio del pago de 17.000 ducados mensuales. En el documento firmado por ambas partes, Hawkins se comprometía a “restablecer en Inglaterra la religión católica, destruir la tiranía de Isabel y favorecer la libertad y los derechos de la reina de Escocia”. Para desgracia de este pirata entre piratas, el duque de Feria murió poco después de firmado el acuerdo, que terminó quedando sin efecto.  

Un corsario al servicio de Francia

    Si el nombre del pirata Jean Fleury no ha trascendido en mayor modo se debe sin duda a dos razones, la primera que, muerto en 1527, bien pudo ser el pionero de la mucha piratería que le siguió, de modo que su nombre y hazañas han estado expuestos en mayor grado al impenitente paso del tiempo, la segunda razón es que su captor y verdugo, nuestro Felipe II, no sólo lo ajustició sino que dio orden de que su nombre quedara proscrito para siempre al menos para nuestra historia española.

   Hay quien asegura que bajo su nombre se ocultaba Juan Florín, seudónimo de pillerías de uno de los populares hermanos Verrazzano, que exploraron el litoral americano del Atlántico a principios del siglo XVI para su rey y mentor Francisco I de Francia. Como el corsario que era Fleury reunió mucha riqueza para su rey y también para él mismo, pero el golpe por el que la historia lo ha recordado en todo el mundo menos en España fue el robo del famoso tesoro de Moctezuma.

   Sucedió en 1523 como tantas otras veces cerca del cabo de San Vicente, lugar de recalada de las naves que arribaban a España desde el nuevo mundo. En esta ocasión se trataba de tres carabelas, dos de las cuales fueron interceptadas y abordadas por el francés, que se encontró con el nada despreciable botín de 310 kilos de perlas, 230 de oro, tres cajas de lingotes del mismo metal y otras diez de plata, además de varios cofres repletos de joyas.

   Con ser importante el tesoro, lo que más enfureció a Felipe II fue que la ofensa viniera de su odiado enemigo francés, además de que con el sustancioso botín, el pirata se hizo también con una importante colección de documentos que incluían cartas de Hernán Cortés sobre la conquista de Nueva España, informes sobre el esplendoroso México azteca y la cartografía completa de los pilotos españoles. Por si todo esto fuera poco, Fleury puso de manifiesto que los españoles eran vulnerables y que podían ser atacados y vencidos en el mar.

   Felipe II puso tras la pista del corsario a sus mejores galgos y cuatro años después de la afrenta Fleury fue sometido por el capitán vasco Martín Pérez de Irízar, que lo puso cargado de cadenas delante del rey, el cual ordenó su ajusticiamiento en lo que hoy es la localidad de Mombeltrán en la provincia de Ávila, Villazgo desde 1393, esto es, una de las Villas de Justicia distribuidas estratégicamente a lo largo y ancho de la geografía medieval de la incipiente España.  

Breve historia de la piratería

    La piratería es una forma de bandolerismo en el mar, una práctica tan antigua como la navegación que ha dejado sabrosas historias para los amantes del mar y muchos misterios por desentrañar.

    Es muy probable que el primer pirata de la historia fuera Jasón, que al frente de los argonautas embarcó a bordo del Argo para viajar hasta la Cólquida (al pie del Cáucaso) para traer (en realidad, robar) el Vellocino de Oro, y en este mismo ejemplo podemos ver una constante que se repetirá a lo largo de la historia de la piratería de forma que, según el objetivo de los piratas, muchos serán vistos como héroes por su pueblo, caso de Drake, corsario al servicio de la corona inglesa cuyo gobierno le había otorgado todo tipo de patentes y que sin embargo para los españoles representaba un pirata en toda la extensión de la palabra.

   A lo largo de la historia encontramos actos de piratería en todos los mares: los vikingos en los mares del Norte, los berberiscos en el Mediterráneo y hoy, sobre todo en la zona de Filipinas, sudeste asiático y océano Índico, sin embargo en este apartado nos centraremos básicamente en la piratería del Caribe que ha escrito las páginas más bellas de, paradójicamente, esta sanguinaria práctica en la mar. Pero antes de referirnos a los más conocidos piratas del Caribe, debemos aprender a distinguirlos de los corsarios, filibusteros o bucaneros.  

    El corso era un modo de practicar la piratería de forma legal, ya que los navíos que se dedicaban a esta práctica contaban con una patente de su rey o de su gobierno para atacar determinados barcos enemigos y desvalijarlos con la obligación de repartir los beneficios con el armador, es decir, el estado. Con esta práctica los reyes no sólo se aseguraban pingües beneficios sino que al mismo tiempo rompían las líneas de tráfico marítimo de sus enemigos, debilitando su poder. Un ejemplo clásico de este tipo de piratería es el de Drake ensalzado por los ingleses hasta el punto de que fue armado caballero por la propia reina que le dio título de Sir, escudo de armas (en el que acuño la frase Sic Parvis magna – Lo grande comienza pequeño) y nombramiento de vicealmirante. En las antípodas de Drake encontramos al capitán Kidd que fue desposeído de su patente de corsario por sospechas de robar a la corona, lo que motivó que fuera colgado y su cadáver expuesto públicamente durante meses.

    Otro tipo de bandidos del mar fueron los filibusteros, especialistas tanto en el robo y pillaje de barcos españoles como en introducir mercancías de contrabando, sobre todo en Cuba y en las islas cercanas. El nombre procede de los buques ligeros fabricados en la zona de Las Tortugas, muy veloces por su proa afilada, por lo que eran llamadas fly-boats y a los que los españoles llamaban filibotes. Los filibusteros fueron un tipo de piratas muy constreñidos en el tiempo y en el ámbito marítimo, pues se limitaban exclusivamente al Caribe. En cuanto al bucanero también era una forma especial de pirateríaconsistente en el robo en tierra de vacas y cerdos cuya carne, una vez ahumada (bucaner es ahumar en francés) la vendían a los navíos, piratas o no, que navegaban el Caribe.

    Los piratas a los que voy a referirme son aquellos que se reunían en la isla de la Tortuga formando una asociación que se llamó la Cofradía de los Hermanos de la Costa y que no se regían por otras reglas que la ausencia de dios y patria, por hacer exaltación de la libertad y prohibir en la isla o a bordo de sus naves la propiedad individual y las mujeres blancas. Mas tarde Calico Jack, uno de los más genuinos piratas del Caribe, incorporó como bandera de la comunidad la Jolly Roger: la bandera negra con una calavera sobre un par de tibias cruzadas. La Jolly Roger se asociaría hoy con una de las modernas técnicas de la guerra psicológica pues causaba tal pánico que no pocas veces inmovilizaba a los adversarios hasta llevarlos a la renuncia al combate y a la rendición.

Al vencimiento final de una nave enemiga solía llegarse mediante una maniobra de abordaje, momento al que las tripulaciones piratas llegaban tras copiosas ingestas de ron de caña. Una buena parte de estas tripulaciones había combatido en las guerras europeas, siendo muchos de ellos desertores. En general los piratas eran extremadamente crueles con los marineros vencidos a los que solían someter a dolorosas torturas antes de acabar con sus vidas. No respetaban a las mujeres ni a los niños, a los que trataban con idéntica vesanía. Tales individuos desconocedores de cualquier código o principio moral solían ser tratados duramente por sus jefes que los sometían a duros castigos, incluida la muerte, cuando se apropiaban de una parte mayor del botín. Castigos habituales solían ser la horca, arrojarlos al mar, abandonarlos en islas desiertas o habitadas por caníbales o pasar al pirata en cuestión por la quilla, castigo que solía acarrear la muerte, bien por axfisia o por desgarros producidos por los moluscos del casco del buque.

Los piratas no enterraban tesoros como nos han hecho ver en tantas películas, solían vivir al día y dilapidaban el producto de sus saqueos, momento en que se hacían a la mar buscando nuevas víctimas. Antes de zarpar se establecían las partes del botín en función de la ocupación a bordo, aunque había premios especiales para los que divisaban un buque en el mar o para los primeros en abordarlo. Además del oro, los piratas apreciaban las pistolas sobremanera por ser un arma fundamental en el cuerpo a cuerpo.

Calico Jack

   Jack Rackham, más conocido como Calico Jack, fue un pirata cuyos modales hacían dudar a muchos que realmente lo fuera. Su apodo deriva de la palabra Calicut, nombre con que en la época se conocía a la ciudad de Calcuta, donde las caravanas orientales descargaban sus mercancías para viajar por mar a todos los confines del mundo, entre otras la seda, por eso la palabra Calicut aplicada a alguien era sinónimo de gusto por la ropa de calidad. Sin embargo la fama de Calico no le llegó por sus sofisticados ropajes sino por el hecho de navegar junto a dos mujeres en un mundo, el marinero, en el que las mujeres a bordo de los buques estaban muy mal vistas, y entre piratas, que entre las pocas cosas que condenaban se contaba la presencia de mujeres a bordo de los buques en los que ondeaba la Jelly Rogers, la bandera de las tibias cruzadas que diseñó el propio Calico para uso a bordo de los buques piratas.

   Calico era contramaestre a bordo del navío de Charles Vane y cuando este capitán rehusó perseguir a un buque de guerra francés cuyo botín se suponía muy jugoso la tripulación se amotinó y le hizo “caminar sobre la tabla”. Vane ya era pasto de los tiburones cuando los marineros decidieron nombrar nuevo capitán al pirata de los trajes de seda.

   Sucedió que en New Providence, Calico se enamoró de una mujer casada, Anne Bonny. Una vez que la relación se hizo pública el gobernador ordenó que Anne fuera azotada por adúltera, momento en que la pareja decidió robar un barco y hacerse a la mar. Para que la tripulación no se incomodase y los tirase a ambos por la borda, Anne se cortó el pelo y se vistió como un hombre, adoptando el nombre de Adam Bonny. La mayoría de los piratas que trabajaron a su lado reconocieron que nunca pensaron que pudiera tratarse de una mujer, más que nada por el valor y la crueldad que ponían en todos sus actos.

   Contrariado por la huida de Calico y Anne, el gobernador puso tras ellos una jauría de barcos, pero Calico rompía siempre el cerco, lo que hizo que su fama de pirata escurridizo subiera en idéntica proporción al descrédito del gobernador, fue entonces cuando comenzaron a tejerse todo tipo de leyendas alrededor de su nombre. Disgustado por la situación, el gobernador puso tras Calico al capitán Barnet, el más reputado cazador de piratas, que finalmente le dio caza y lo condujo ante el gobernador cargado de cadenas.

   Según parece Calico quiso llegar a un acuerdo con el gobernador ofreciendo sus supuestos tesoros a cambio de la vida de Anne… y otra mujer. Fue así como se supo que Anne Bonny no estaba sola y que Calico navegaba con otra pirata a bordo conocida como Mary Read. En cualquier caso parece que el gobernador no quería los tesoros y sí dar cumplida venganza a los desmanes a los que le había sometido el pirata, que fue juzgado en Jamaica y ahorcado al día siguiente con el resto de su tripulación. Tenía 38 años.

   Anne y Mary vieron conmutadas sus penas ya que ambas estaban embarazadas de Calico. Mary Read cayó enferma en prisión y murió antes de dar a luz a su criatura, sin embargo Anne Bonny sobrevivió y dio a luz a un niño. Comoquiera que el padre de la pirata era una persona acaudalada intercedió ante el gobernador para salvar la vida de su hija, se dice que a cambio de una de las mansiones más lujosas que a día de hoy todavía pueden verse en Jamaica, y de ese modo su hija pudo salvar la vida.

   Quedan para el anecdotario las que se tienen por últimas palabras de Calico antes de colgar de la soga: “Desdichado aquel que encuentre mis tesoros, pues no encontrará barcos suficientes para cargarlos todos…”

Anne Bonny y Mary Read

   Se tiene a Anne Bonny y Mary Read como la representación femenina de la piratería en el Caribe, pero en realidad son sólo la punta de lanza de un elenco algo más extenso en el que habría que contemplar a otras piratas como la galesa Grace O´Malley, la inglesa Charlotte de Berry, la americana Fanny Campbell y Ann Mills, también inglesa, posiblemente la más cruel y despiadada de todas ellas.

   Anne Bonny, nacida Cormic, fue la hija ilegítima que un importante abogado irlandés tuvo con una criada. Durante su adolescencia se hizo notar por su temperamento, pues montaba a caballo y usaba las pistolas mejor que cualquier muchacho de su edad. Con apenas 16 años conoció a James Bonny, un antiguo pirata que merodeaba su casa para robar y con el cual se escapó y más adelante se casó, lo que supuso que su padre la desheredara.

   A remolque de su marido, Anne Bonny llegó a las Bahamas y allí conoció a Calico Jack que poco a poco consiguió seducirla, lo que llegó a oídos del gobernador el cual ordenó la detención de los amantes, que antes de ser condenados por conducta inmoral decidieron echarse al mar y abrazar la piratería. Cuando la joven quedó embarazada, Calico la llevó a Cuba y la puso en manos de unos amigos para que la cuidaran, pero la criatura nació prematuramente y murió, lo que desquició a Anne y la hizo más despiadada. Fue entonces cuando empezó a vestir ropas masculinas. En uno de los barcos que atraparon encontraron un joven de aspecto refinado que resultó ser otra mujer que dijo llamarse Mary Read. A partir de ese momento los tres constituyeron un triángulo sanguinario –que algunos consideran también amoroso- a bordo del navío Revenge.

   Mary Read nació en Londres y probablemente también fue hija ilegítima fruto de los amores adúlteros de su madre, casada con un marino que pasaba largas temporadas fuera de casa. Durante un tiempo su madre ocultó su nacimiento y cuando murió su hijo mayor la vistió con ropa de chico y la hizo pasar por el niño para no dejar de cobrar un subsidio. Durante su adolescencia fue empleada como paje, vistiendo como un hombre y haciéndose llamar Mark. Incapaz de prolongar la mentira se alistó en la Armada, se enamoró de un compañero, se casaron y abrieron una posada llamada las Tres Herraduras. Cuando murió su marido regresó a la Armada donde volvió a hacerse pasar por un hombre, encontrando muchos problemas en esta ocasión por lo que desertó y se embarcó para las Indias, pero su barco fue atacado y capturado por Calico. Tomada a bordo como prisionera, Anne Bonny descubrió su sexo y aunque trataron de mantener el secreto, Calico receló y Anne tuvo que confesarle la verdad, momento a partir del cual pasaron a conformar un trío cuya fama se extendió tanto por los océanos que el gobernador de Jamaica ofreció una elevada recompensa por su captura, lo que puso a un sinfín de barcos tras su estela, hasta que fueron atrapados por el famoso capitán Barnet y conducidos a Jamaica cargados de cadenas.

   El epílogo de su historia es conocido hasta cierto punto, pues si bien es cierto que Calico murió en la horca y que a las dos chicas se les aplazó el juicio dado su estado de buena esperanza, sabemos que Mary murió en prisión víctima de las fiebres, sin embargo Anne consiguió salvar su vida, que a partir de ese momento fue completamente opaca y desató todo tipo de leyendas, desde que su padre pagó una fuerte suma al gobernador para regresar con ella a sus campos de Charleston, hasta que se convirtió en amante primero y más tarde esposa del propio gobernador. Tenía apenas 21 años.  

Escribir un nuevo comentario: (Clica aquí)

123miweb.es
Caracteres restantes: 160
Aceptar Enviando...

vetton | Respuesta 27.07.2015 21.32

Mombeltrán no pertenece a Toledo. Pertenece a Avila.

Ver todos los comentarios

Comentarios

18.07 | 18:11

COMO NO ME VA A GUSTAR, SI CUANDO ERA UN IMBERBE CADETE DE PRIMER AÑO, TUVE LA SUERTE DE SER COMISIONADO A VISITAR AL "JUAN SEBASTIÁN" .
MOMENTOS Q NO SE OLVIDA

...
17.07 | 18:48

Estimado señor Panizo,

Debo fechar una foto que tengo de mis padres en un agasajo a los visitantes del Elcano al Callao en 1952. ¿Puede Ud. ayudarme? Gracias.

...
10.07 | 19:21

Acabo de leer tu comentario. Siento la equivocación. Un abrazo

...
10.07 | 19:21

Gracias a ti por el comentario

...
¡Hola!
Prueba y crea tu propia página web,
es fácil y gratis.
ANUNCIO