Orgullosamente español

Homenaje a la medicina naval

De todos es sabido los muchos combates victoriosos que sostuvo Blas de Lezo en tantos mares, pero no todos saben que estuvo a punto de morir derrotado por el más pequeño de sus enemigos, un virus de salmonella al que finalmente consiguió vencer no sin grandes esfuerzos.
Tras la heroica toma de Orán en 1732, Lezo se retiró a Cádiz, pero el Bey Hassan de Argel contraatacó matando al gobernador, Álvaro Navia Osorio y a 1500 de sus hombres. Lezo fue enviado de nuevo a pacificar la zona, protagonizando otro episodio heroico cuando persiguió la galera del Bey hasta la ensenada de Mostagán, defendida por dos fuertes que vomitaron desde las alturas todo tipo de artillería sobre el Real familia, buque insignia de nuestro héroe, a pesar de lo cual consiguió atrapar la galera del bey.
Apaciguada la zona, de regreso a España se desató una epidemia de salmonelosis debido al mal estado de los alimentos que se llevó la vida de 500 personas en la escuadra de Lezo y dejó gravemente herido a Lezo y a un guardiamarina ilustre que navegaba con él: Jorge Juan.
Lezo estuvo muy grave y tan cerca de la muerte que llegó a hacer testamento, pero afortunadamente en aquella época la medicina de la Armada estaba a la vanguardia de los conocimientos médicos del país y la enfermedad pudo ser reducida mediante eméticos y diaforéticos que hoy serían difíciles de encontrar como el Tártaro, el vino emético, el jarabe de Ipecacuana o la sal catártica. En cualquier caso, su salvación y posteriores victorias para España, incluida la defensa de Cartagena de Indias y el hecho de que 350 millones de sudamericanos hablen hoy castellano en lugar de inglés, se debe en buena parte a la sacrificada labor de siempre del Servicio de Sanidad de la Armada.
Durante la larga convalecencia en su domicilio del Puerto de Santa María, el país entero estuvo pendiente de su evolución. Una vez recuperado se encontró con el nombramiento real de Teniente General de la Armada y un nuevo destino en la Comandancia General del departamento de Cádiz.
Pero las cosas se estaban torciendo en el Caribe y el 3 de febrero de 1737, día de su 48 cumpleaños, partió de Cádiz rumbo a Cartagena de Indias para encontrarse con la muerte. Y también con la gloria.

De su puño y letra

Hasta la fecha se habían localizado dos documentos firmados personalmente por Blas de Lezo, conservados ambos en el Archivo de la Armada en el Viso del Marqués, en Ciudad Real. Ahora en los archivos provinciales de Cadiz ha aparecido un tercero. 
Se trata de un poder de Blas de Lezo a Mathias Davila, fechado en 1733 en la notaría nº 15 de Cádiz, Protocolo 3610, folio 769 y vuelta, en el que el marino acuerda poderes y voluntades con terceros, en este caso para una capellanía en el Convento de Ntra. Sra. del Carmen de la Villa y Corte de Madrid otorgada a su esposa, Josefa Mónica Pacheco Salazar y Solis.
Blas de Lezo murió de fiebres a las 8 de la mañana del 7 de Septiembre de 1741, en Cartagena de Indias. Como consecuencia del informehecho por el virrey Sebastían Eslava, murió despojado de sus cargos, dignidad y hacienda.

Las heridas del alma

De todos es sabido que Blas de Lezo fue dejando un trozo de su cuerpo con cada pedazo de gloria que conquistaba para España, que por su parte, a través de sus gobernantes, no siempre estuvo a altura de la lealtad que le profesó el insigne marino vasco.

El 24 de agosto de 1704, siendo un guardiamarina de 15 años embarcado en el buque francés "Foudroyant", en el transcurso de la Batalla de Vélez-Málaga resultó herido por el impacto directo de una bala de cañón, a resultas de lo cual le tuvo que se amputada la pierna izquierda por debajo de la rodilla, viéndose obligado de por vida a usar una pata de madera que fue adquirida por cuestación popular de sus vecinos de Pasajes de San Pedro. En tales condiciones se le ofreció un puesto en la corte de Felipe V, y como quiera que lo rechazara fue ascendido a alférez de bajel de alto bordo y embarcado, siguió repartiendo estopa a los ingleses.

Tres años después, con 18 años, mientras defendía la fortaleza de Santa Catalina de Tolón del ataque de las fuerzas austracistas, otra bala de cañón que golpeó en las defensas del fuerte desprendió una serie de esquirlas que le vaciaron el ojo izquierdo, dejándolo tuerto de por vida.

Con 25 años y durante el asedio de Barcelona por las fuerzas borbónicas, Lezo, embarcado en el navío "Campanela" que formaba parte de la flota de don Andrés de Pes (Primera vez que embarcaba en una agrupación española), una bala de mosquete le dejó el brazo derecho sin movilidad para el resto de su vida. Fue ascendido a capitán de navío por méritos de guerra

En abril de 1733, con 44 años, después de haber defendido la plaza de Orán de los ataques del Bey de Argel como segundo de Francisco Cornejo, comandante de la Escuadra del Mediterráneo, sufrió un ataque de fiebre amarilla que derivó en una sepsis bacteriana que lo dejó muy cerca de la muerte. Hubo de ser llevado a Cádiz donde su recuperación fue muy lenta, pero afortunada

En abril de 1741, con 52 años, durante los primeros compases del ataque de Edward Vernon a Cartagena de Indias y mientras conferenciaba con el virrey Sebastián Eslava a bordo del "Galicia", buque insignia de Lezo, una bala de cañón destrozó la mesa sobre la que planeaban la defensa dejándole malherido.

Blas de Lezo falleció "de calenturas" a las 8 de la mañana del 7 de septiembre de 1741, tres meses después de su victoria en la defensa de Cartagena. El día antes una fragata había traído a Cartagena la destitución de todos sus cargos y la pérdida de su hacienda. Afortunadamente el héroe no llegó a conocer estos extremos, pues hacía días que había perdido la conciencia.

Tras la batalla, gran cantidad de cadáveres fueron arrojados al mar en vista de la fuerte evolución de las enfermedades en Cartagena de Indias, y durante un tiempo se especuló que uno de ellos, dado el poco aprecio que le tenía Eslava, pudiera haber sido el de Lezo. No obstante las últimas investigaciones apuntan en una dirección diferente, pues Lezo pertenecía a la orden de la Vera Cruz, hermandad que, entre otras cosas, se hacía cargo de enterrar a soldados carentes de dinero, y como quiera que en la iglesia de San Francisco de Cartagena había una capilla aneja propiedad de la Orden de la Vera Cruz en la que se produjeron un buen número de enterramientos tras la batalla, hoy se especula con que los restos mortales de nuestro héroe pudieran descansar allí. Actualmente la zona es un solar en el que hasta hace poco hubo un cine, hoy cerrado, cuyo propietario ha dado permiso para la investigación. Es una moneda al aire, pero también Vernon acuñó una moneda dando noticia de haber derrotado a Lezo y no pudo con él. Quien sabe si esta otra moneda no quiera caer de cara....

La maniobra de abordaje

De todos es sabido que los años tempranos de don Blass y sus primeras navegaciones y combates navales se circunscriben en el contexto de la Guerra de Sucesión. La batalla naval de Velez Málaga tuvo dos consecuencias personales que habrían de acompañarle de por vida: la pérdida de la pierna izquierda, que hubieron de amputarle a bordo por debajo de la rodilla debido al impacto directo de una bala de cañón y el primer encuentro con el joven guardiamarina inglés Edward Vernon, que habría de convertirse en su antítesis de por vida en todos los mares, principalmente en el Caribe. Por su parte, España tuvo también otra consecuencia derivada de esta batalla naval que aún hoy sufrimos dolorosamente.
De haber sido un combate de boxeo, la batalla naval de Vélez Málaga la hubiera ganado a los puntos la flota Franco-Española, que tuvo prácticamente la mitad de bajas (1500) que la Anglo-Holandesa de Rooke (2700). En realidad el combate duró apenas un par de horas, pues viendo el cariz que tomaba, Rooke aprovechó la caída de la noche para correr a refugiarse en Gibraltar, ganada a los españoles sólo tres semanas antes. Si la escuadra de Luis Alejandro de Borbón hubiera encontrado los buques enemigos en la noche y los hubiera seguido martilleando, muy probablemente en Gibraltar ondearía hoy nuestra querida bandera.
Como nota meramente cultural, decir que la fuerza de desembarco de Rooke que tomó Gibraltar estaba compuesta por 150 soldados catalanes (que apoyaban el continuismo de los Austrias en España) y el punto donde desembarcaron, en la costa de levante de la Roca, lleva desde entonces en nombre de Catalan Bay Beach)
La imagen corresponde a un magnífico cuadro de Augusto Ferrer Dalmau que representa al gobernador Diego Salinas y lleva el melancólico título de "el último de Gibraltar".

Blas de Lezo y Gibraltar

De todos es sabido que los años tempranos de don Blass y sus primeras navegaciones y combates navales se circunscriben en el contexto de la Guerra de Sucesión. La batalla naval de Velez Málaga tuvo dos consecuencias personales que habrían de acompañarle de por vida: la pérdida de la pierna izquierda, que hubieron de amputarle a bordo por debajo de la rodilla debido al impacto directo de una bala de cañón y el primer encuentro con el joven guardiamarina inglés Edward Vernon, que habría de convertirse en su antítesis de por vida en todos los mares, principalmente en el Caribe. Por su parte, España tuvo también otra consecuencia derivada de esta batalla naval que aún hoy sufrimos dolorosamente.
De haber sido un combate de boxeo, la batalla naval de Vélez Málaga la hubiera ganado a los puntos la flota Franco-Española, que tuvo prácticamente la mitad de bajas (1500) que la Anglo-Holandesa de Rooke (2700). En realidad el combate duró apenas un par de horas, pues viendo el cariz que tomaba, Rooke aprovechó la caída de la noche para correr a refugiarse en Gibraltar, ganada a los españoles sólo tres semanas antes. Si la escuadra de Luis Alejandro de Borbón hubiera encontrado los buques enemigos en la noche y los hubiera seguido martilleando, muy probablemente en Gibraltar ondearía hoy nuestra querida bandera.
Como nota meramente cultural, decir que la fuerza de desembarco de Rooke que tomó Gibraltar estaba compuesta por 150 soldados catalanes (que apoyaban el continuismo de los Austrias en España) y el punto donde desembarcaron, en la costa de levante de la Roca, lleva desde entonces en nombre de Catalan Bay Beach)
La imagen corresponde a un magnífico cuadro de Augusto Ferrer Dalmau que representa al gobernador Diego Salinas y lleva el melancólico título de "el último de Gibraltar".

Humano al fin y al cabo...

A veces nos llaman la atención las actitudes mundanas de los héroes. Es una cuestión de perspectiva ya que muchas veces nos olvidamos de que por muy heroicos que sean sus hechos, bajo su piel late el corazón de un ser humano.
Entre 1720 y 1730, Blas de Lezo estuvo destinado en el Virreinato de Perú. Fue el destino más largo que disfrutó y llegó allí como comandante del "Lanfranco" y segundo jefe de la Escuadra de Bartolomé de Urdizu, con la misión de acabar con los piratas que atacaban los barcos españoles en el Pacífico cuando se dirigían a descargar en Panamá la plata que cargaban en el Potosí. Como Urdizu no gozaba de buena salud, Lezo hizo de jefe en funciones prácticamente desde su llegada y los piratas no tardaron en ver colgar los cuerpos de dos de sus jefes más emblemáticos, el holandés Flissinguen y, sobre todo, el inglés John Clipperton.
Pacíficado el Pacífico, valga la redundancia, Don Blass (así lo llamaban los ingleses), pudo relajarse un poco y en 1725 contrajo matrimonio con una jovencita criolla de 15 años que le dio 7 hijos, 3 de ellos nacidos en el virreinato.
Mientras tanto sus diferencias con el virrey José Armendáriz se fueron haciendo cada vez máyores. A las acusaciones de nepotismo y de tener abandonada la guarnición de Lima, el virrey respondía con arrogancia y desprecio e incluso se permitió congelar el sueldo de Lezo, que harto de sus desplantes y mala política se vio en la obligación de pedir la baja en la Armada.
Cursada la baja, Lezo se embarcó rumbo a España con su familia. Su situación económica era tan mala que tuvo que pedir prestado para los pasajes. Sin embargo, a su llegada a Cádiz se encontró con una sorpresa.
Conocedor de sus intenciones, el Brigadier General José Patiño le esperaba en el muelle de Cádiz para explicarle que desde 1717 funcionaba en esa misma ciudad el Real Colegio de Guardiamarinas, donde a decenas de jóvenes entre los que se contaban oficiales de la talla de Jorge Juan o Antonio de Ulloa se les enseñaba a ser... Blas De Lezo!
Conmovido por semejante confidencia, Blas de Lezo decidió seguir en la carrera y poco después era nombrado Jefe de la Escuadra Naval del Mediterráneo por el rey Felipe V.
Un instante de vacilación, como corresponde a cualquier ser humano por cuyas venas corra la sangre, pero afortunadamente Don Blass supo enmendar su decisión y gracias a ese otro momento de inspiración fue posible su heroica defensa de Cartagena de Indias en 1741 y que hoy 350 millones de sudamericanos hablen español en lugar de inglés, cosa que los que hemos leído obras fantásticas como los cien años de soledad de García Márquez o el indispensable Maqroll el Gaviero de Álvaro Mutis, tenemos que agradecer doblemente-
Gracias Don Blass!!!!

¿Nelson? No, gracias. Blas de Lezo.

   Olvidado durante largo tiempo, hoy su fama empieza a verse justamente reconocida y mientras la exposición que sobre su obra y figura se expuso tiempo atrás en el Museo Naval de Madrid se ha hecho itinerante, la estatua que habrá de recordarle a perpetuidad en la plaza de Colón de la capital de España ya tiene forma definitiva. Hablamos de Blas de Lezo, un héroe del que los españoles podemos y debemos sentirnos legítimamente orgullosos y cuya historia se podría sintetizar equiparándolo a Nelson en cuanto al peso de su arrojo y la importancia de sus victorias, si bien, a diferencia del brillantísimo almirante inglés, nuestro capitán general, vasco de cuna y orgullosamente español durante sus 62 años de existencia, no conoció en vida otra derrota que la de la propia administración española y la del olvido después de su heroica muerte en la defensa de Cartagena de Indias.

   Nacido en Pasajes en 1689, Blas de Lezo y Olavarrieta se sintió atraído por el mar desde niño, sentando plaza de guardiamarina en Francia en virtud de los acuerdos de la época y embarcando como guardiamarina con sólo 12 años en la escuadra del Conde de Tolousse. Con esa edad le tocó participar en la Guerra de Sucesión Española disputada entre el ejército anglo-holandés, que defendía la causa de los Austria, y la franco-española, que abogaba por llevar al trono al primer Borbón que finalmente habría de reinar como Felipe V. Siendo una guerra de perfil marcadamente terrestre, la de Sucesión tuvo también sus combates navales, como el de Vélez-Málaga, en el que Lezo tomó parte con sólo 15 años, batiéndose de manera ejemplar hasta que una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda que hubo de serle amputada. Se le ofreció entonces un puesto en la Corte, pero prefirió seguir prestando servicio en la mar, tomando parte, dos años después, en la defensa de Tolón, donde perdió el ojo izquierdo.

   Tras una breve convalecencia fue destinado a Rochefort, donde en 1710 rindió una decena de barcos enemigos, entre ellos el Stanhope, navío de gran poder ofensivo que lo triplicaba en fuerzas y al que consiguió rendir al abordaje, resultando herido en la refriega. El terror que sentían los ingleses por la maniobra de abordaje de los españoles nació, de hecho, a consecuencia de las tácticas de Lezo, en cuya capacidad de liderazgo es probable que la esté basada la figura de Jack Aubrey, comandante del Surprise en Master & Commander. En cualquier caso, nuestro valeroso compatriota se cubrió de gloria con la captura de la Stanhope, siendo ascendido a capitán de fragata con solo 21 años.

   En 1714 participó en el asedio de Barcelona al mando del navío Campanella, en el que el 11 de septiembre, al acercarse con demasiado ímpetu a sus defensas, recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho, quedando la extremidad sin movilidad hasta el fin de sus días. De esta manera, con 25 años nos encontramos al joven Blas de Lezo cojo, tuerto y manco, aunque invicto en todos sus combates, siendo nombrado Jefe de Escuadra en 1730 y alcanzando el empleo de teniente general en 1734. Dos años después, cuando vivía en el 66 de la calle Larga del Puerto de Santa María, conocida desde entonces como “la casa de la gobernaora”, fue nombrado Comandante General de Cartagena de Indias, plaza que tuvo que defender en 1741 del sitio al que fue sometida por el almirante inglés Edward Vernon. La excusa de los ingleses para iniciar un conflicto con España fue el apresamiento de un barco corsario por el capitán de navío Juan León Fandiño, el cual cortó la oreja de su capitán al tiempo que le decía : “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”.

   En estas circunstancias se presentó frente a Cartagena la flota de guerra más poderosa que hasta entonces había surcado los mares, con 186 buques y 23.600 combatientes entre marinos y soldados, a los que Lezo sólo podía oponer seis buques y tres mil hombres, aunque tenía a su favor la experiencia de 22 batallas contadas por victorias. Tan colosal fue la derrota de los ingleses que aseguró el dominio español de los mares durante más de medio siglo, aunque, llevado de su orgullo, Verrnon vio tan clara la victoria que antes de alcanzarla despachó una fragata a Londres dando cuenta de del éxito obtenido. En su regocijo, los ingleses acuñaron monedas conmemorativas de una victoria que nunca existió y en las que puede verse a Lezo arrodillado ante Vernon al que ofrece su sable a modo de rendición, pudiendo leerse la inscripción: “El orgullo español humillado por Vernon”. Muy al contrario, la humillación inglesa fue tal que Jorge II prohibió las crónicas alusivas al combate como si este nunca hubiese ocurrido. Mientras tanto, cuentan que, en su retirada, con la flota hecha jirones, Vernon se alejaba de Cartagena blandiendo el puño al cielo y gritando lleno de odio: “¡Dios te maldiga Lezo!”.

   Lamentablemente las relaciones de Lezo con el virrey Eslava no eran buenas y cuando el marino falleció poco después de la batalla, probablemente a causa de las enfermedades causadas por los muchos cuerpos ingleses en descomposición, sus restos mortales fueron arrojados al mar, siendo el silencio su único epitafio, de forma que su historia y la gesta de Cartagena de Indias quedaron sepultadas por el paso del tiempo. Afortunadamente Lezo ha recuperado hoy su sitio en la historia y cada vez son más los españoles que nos sentimos orgullosos de tan heroico compatriota. La Armada, que nunca lo olvidó, da el nombre de tan insigne marino a una de sus unidades más vanguardistas, aunque el testimonio más determinante de quién fue y qué hizo este vasco que se sentía orgullosamente español, es que cuatrocientos millones de sudamericanos hablan hoy español en lugar de la lengua que quiso trasmitirles Edward Vernon. Descanse en paz Blas de Lezo en su túmulo de azules aguas y rizada espuma.

 

Video explicativo de la defensa de Cartagena de Indias
Con el agradecimiento a Vimeo. com, propietario y autor del vídeo.

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JA. PORTALES | Respuesta 04.10.2016 22.10

muy bueno. Ayer en la conferencia.

JUAN IGNACIO DOMINGUEZ GIL | Respuesta 11.09.2014 00.29

Respondí a su correo, he enviado las incorrecciones y omisiones y, al aprecer, no al sitio correcto, como me dicen en atención cliente. Correo particular, p.f.

Luis 11.09.2014 08.54

mollatis@yahoo.es

Ramón | Respuesta 10.09.2014 21.23

¡¡Bravo Blas de Lezo!!

Juan Ignacio Domínguez Gil | Respuesta 09.09.2014 15.35

Ayer leí en el Diario de Cádiz su artículo sobre D. Blas de Lezo y vi algunas incorrecciones. Gustosamente se la referiré en mi correo.

Luis 09.09.2014 22.03

Estaré encantado de leerlas. Gracias

Guillermo Cassinello | Respuesta 09.09.2014 12.26

Enhorabuena Ahijado por poner las cosas en su sitio. Blas de Lezo fue todo un heroe vilipendiado, rechazado y denostado por una monarquia y un Gobierno ruin.

Luis 09.09.2014 12.44

Muchas gracias padrino búfalo. Completamente de acuerdo.

Gloria | Respuesta 08.09.2014 23.53

Gracias, Luís, por el relato. Poquito a poco colocando la Historia Naval en el lugar que le corresponde. Y parte de la "culpa" la tienes tú. Un abrazo enorme

Luis 09.09.2014 12.45

Gracias Gloria, un besote

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Comentarios

12.06 | 15:51

Acabo de "devorar" el libro.
Sólo puedo dar las gracias por recordar a ese puñado de marineros, que con un par se echaron a la mar en Sanlúcar.

...
06.06 | 09:03

No, pero te cobrarán 3 euros a la entrada con lo que podrás tomarte un vino, una cerveza o un refresco. Un saludo

...
06.06 | 08:56

¿Hace falta invitación para la presentación en Madrid?

...
01.06 | 21:02

Muy interesante

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