Submarinos de leyenda

A bordo de un submarino nuclear

 

Un apasionante viaje a bordo del USS Pennsylvania, de la clase Ohio, la más grande los submarinos nucleares norteamericanos. Sorprende el método de producción de aire y otros muchos detalles de la vida a bordo. El idioma se entiende bastante bien.

 

http://www.chonday.com/Videos/pen1usnav1

Submarinos soviéticos

La extraordinaria historia de dos submarinos de la clase Juliet. Gentileza de rusadas. com

 

http://www.rusadas.com/2012/05/de-la-armada-sovietica-los-estudios-de.html

Cinco minutos abordo del Tramontana
Conoce qué siente la dotación de un submarino, vive con ellos sus sensaciones, su orgullo, sus temores. Así se vive dentro de un submarino de la Armada. Con cariño especial a mi querido amigo y compañero Javier González-Huix, contralmirante de la Armada que cuenta entre sus destinos el mando de tan entrañable submarino.

CSS Hunley, ¿el primer submarino de combate?

Puede que a algunos puristas de la historia de los sumergibles les moleste que se considere al CSS Hunley el primer submarino de ataque de la historia, pero la verdad es que 20 años antes de que surgiera el ingenio de nuestro Ramón Peral, el bando confederado hundió un barco de guerra mediante el ataque de un submarino, aunque el Hunley no pudo saborear su éxito ya que en esa misma misión se fue a pique con su comandante y los siete hombres que componían la dotación.

     Durante la guerra civil americana, los confederados aguzaron mucho el ingenio tratando de salvar el axfixiante bloqueo naval al que los tenía sometidos la Unión. Fue así como surgió el famoso acorazado Merrimack y más adelante el submarino Hunley, que debe el nombre a su inventor.

   En realidad el Hunley poco tiene qu ever con el actual diseño de submarinos convencionales, que nació de la feliz idea de Isaac Peral, pues se trataba de una caldera (se ha dicho que de hecho el tubo del Hunley era una vieja caldera de doce metros rescatada del basurero), con dos horas de autonomía debido a la falta de renovación del oxígeno y cuya propulsión, después del estudio experimental inicial en los campos electromagnéticos y del vapor, se debía a una manivela accionada por los siete marineros que ocupaban la cabina central, separada de otra más pequeña a popa en la que se alojaba el comandante cuya misión principal era sostener el timón. 

   Desde el punto de vista militar, el Hunley estaba equipado con un ariete dentado y podía arrastrar con una pértiga de dos metros un torpedo cilíndrico de cobre cargado con 40 kilos de dinamita. De ahí la importancia del manejo de la caña por parte del comandante ya que la maniobra de ataque consistía en arrastrar el sumergible por debajo del objetivo y luego elevarse hasta que el torpedo hiciera contacto con el blanco.

   En agosto de 1863 el Hunley zarpó de su base de Charleston para atacar al USS Housatonic, un barco de 1200 toneladas y 12 cañones que patrullaba a cinco millas de costa. Hacia las 9 de la mañana el torpedo entró en contacto con el Housatonic y lo hundió arrastrando consigo a dos oficiales y tres marineros. Peor fue, sin embargo, la suerte del Hunley, pues seguramente a causa de la propia deflagración del torpedo se hundió llevándose al fondo a toda su tripulación.

    Durante unas obras de dragado del puerto de Charleston en 1995, el Hunley fue descubierto a unas 100 yardas del timón de su víctima. Huérfanos de otro tipo de historia, los americanos consideraron el hallazgo como "el acontecimiento más importante de la arqueología submarina de los Estados Unidos", lo que dio paso, a su vez, a una explosión de nostalgia sureña que culminó con un emotivo acto en el que los ataúdes de los cadáveres recuperados fueron cubiertos por la bandera de combate confederada, que entonces ondeaba, no sin un importante número de detractores, en el capitolio de Columbia, capital de Carolina del Sur.

   Pero la polémica habría de llegar más lejos cuando se supo que la autopsia de los cadáveres había revelado que cuatro marineros eran nativos americanos (lo que en España se conoce como indios) y otros cuatro de origen europeo. En cualquier caso los cuerpos fueron inhumados entre los vítores de 50.000 apasionados espectadores en el Magnolia Cemetery de Charleston, en lo que fue descrito como "el último funeral confederado". La polémica se debió a que aunque sólo de los marinos eran naturales de estados del sur, todos se enterraron bajo la bandera confederada.

   En cualquier caso al CSS Hunley le cabe el honor de ser el primer submarino que efectuó un ataque en inmersión y también el primero desaparecido en combate, ya que dos diseños previos del Hunley se hundieron también en pruebas, el primero con parte y el segundo con su tripulación al completo, lo que da idea del valor y abnegación de aquelos hombres que los tripulaban.

   En el caso del Hunley la leyenda coincide con la realidad, pues después de la accidente, la novia de Geroge Dixon, el comandante, contó que le había regalado una moneda de oro a modo de amuleto que él siempre llevaba consigo y que de hecho le salvó la vida cuando un proyectil le alcanzó en la pechera en un combate. Pues bien, una de las cosas que se encontró entre el limo en el interior de la nave fue un reloj con las iniciales G.D. y junto a este, una moneda de oro impregnada de restos de plomo...

 

Fuente: La Aventura de la historia, número 168. Octubre 2012.

¿Cómo y por qué se hundió el K-129?

   Días atrás traíamos a la web la pérdida del submarino nuclear norteamericano Scorpion durante la Guerra Fría y como su desaparición podría haber estado relacionada con la del submarino soviético K-129 unas semanas antes, asunto sobre el que las autoridades de ambos países habrían preferido correr un tupido velo.

   El K-129 era un submarino de propulsión convencional, aunque armado con misiles nucleares que desapareció durante una patrulla en el Pacífico en marzo de 1968. Los soviéticos no tenían entonces ninguna red de inteligencia acústica ni medios para el rescate submarino, sin embargo los americanos tenían ambas cosas, además de un interés enorme en sus misiles balísticos  

   El K-129, un Golf II según la terminología de la OTAN, zarpó de su base de Kamchatka el 24 de febrero de 1968 para una patrulla de 70 días. Después de informar tras la inmersión de prueba, se sumergió y nunca volvió a emerger. Un mes después los americanos detectaron un inusual despliegue soviético en el Pacífico, activaron la red SOSUS de inteligencia acústica (Sound Surveillance System) y varios de sus sensores detectaron el probable hundimiento de un sumergible el 8 de mayo y mientras días después los rusos declaraban en un susurro haber perdido el K-129 con toda su dotación, los americanos pusieron en marcha un dispositivo de búsqueda tan discreto como eficaz, que enmascarado bajo una operación científica les llevó a descubrir los restos del submarino a 4900 metros de profundidad.

   A principios de agosto y tras el estudio de más de 20.000 fotografías, los americanos llegaron a la conclusión de podían hacerse con un misil SS-N-5, pero entonces la operación se filtró a la prensa justo cuando los americanos comenzaban a izar a una garra metálica en la que tenían prendido al submarino, aunque al final sólo pudo recuperarse una sección de la proa con seis cadáveres fuertemente contaminados, que el gobierno de los EE.UU. declaró haber enterrado en el propio mar con honores militares dentro de una cámara de acero. El vídeo de la ceremonia fue entregado a los rusos que años más tarde lo mostraron a las familias de los desaparecidos. Lo que se recuperó dentro de aquella arrugada sección de proa continua siendo materia reservada, pero todo apunta a que los americanos pudieran haberse hecho con dos de los codiciados torpedos en una de las operaciones más caras y profundas de la Guerra Fría.

   ¿Cómo y por qué se hundió el K-129? Lógicamente los americanos callan y los rusos mantienen la versión oficial de un fallo de la dotación que llevó al submarino por debajo de la cota de colapso y a su perdición; sin embargo los expertos se reparten entre cuatro posibles causas que de mayor a menor número de adeptos serían las siguientes:

   1.- Explosión de hidrógeno en el compartimento de baterías durante la carga. Siendo cierto que mal ventilado la concentración de hidrógeno en un compartimento puede ser bastante peligrosa, se trata de un recurso muy socorrido del que la mayoría de expertos desconfían ya que lo consideran un efecto del naufragio antes que una causa, si bien existe un antecedente reconocido en la pérdida del USS Cochino, que se perdió por esta causa en aguas de Noruega, aunque su tripulación pudo ser rescatada.

   2.- Colisión con el USS Swordfish. Durante la Guerra Fría era habitual el seguimiento silencioso de los submarinos de un bloque por homólogos del otro y la sospecha sobre el Swordfish tiene su origen en que días después de la supuesta colisión el submarino entró en su base de Yokosuka con importantes averías en la vela y el periscopio. La base naval fue cerrada a cal y canto, y los americanos achacaron los desperfectos a la colisión con el hielo.  La mayor parte de oficiales soviéticos de la época consideraban esta versión como el rechazo norteamericano perdió peso cuando dos años después un avión espía U-2  tuvo que tomar en emergencia en suelo soviético, confirmando los famoso vuelos que Moscú denunciaba tan sistemáticamente como los rebatía Washington.

   3.-Explosión de un misil debido a un fallo en el sellado de la escotilla de lanzamiento. Una explosión similar 18 años después en un silo mal sellado del submarino nuclear K-219, llevó a pensar a algunos en un accidente del mismo tipo a bordo del K.129. El K 219 tenía mejor disposición para encajar la explosión, pero el submarino quedó tan contaminado radioactivamente que su comandante lo llevó a la superficie para evacuar a la tripulación y luego lo dejó hundir en una sima a 5500 metros. Hay que decir que en aquella ocasión los rusos volvieron a echar la culpa del hundimiento de su submarino a la colisión con otro norteamericano, en este caso el USS Augusta.

   4.- Motín. Según un best seller de la época, la dotación pudo amotinarse cuando el submarino se dirigía a lanzar sobre Pearl Harbor un misil sin autorización o disimulado como chino para provocar una guerra entre el gigante asiático y los Estados Unidos. Esta teoría carece de fundamento y es sólo pasto para frikis, pues al parecer el lugar del hundimiento, que se mantiene secreto, se encuentra muy por fuera del alcance de los misiles balísticos de la época, y en cualquier caso los chinos no desarrollarían tal tecnología hasta dos años después.      

   En 1987 trascendió que el agregado naval de la Marina Norteamericana en Moscú recibió una confidencia de un importante almirante ruso, según la cual los gobiernos de los dos países habían decidido de mutuo acuerdo no investigar los hundimientos del K 129 primero y del USS Scorpion después. Cierto o no, parece que los rusos llegaron a creer a pies juntillas que los americanos eran culpables del hundimiento de su sumergible y como represalia, habrían despachado un helicóptero Ka-25 desde una unidad de superficie para hundir al submarino nuclear norteamericano, versión de la que la mayoría de expertos también desconfían.    

El misterioroso final del Scorpion

 

   Desaparecido en mayo de 1968, el final del submarino nuclear norteamericano  Scorpion constituye a fecha de hoy uno de los misterios más herméticos de los océanos. El hecho de que desapareciera en plena Guerra Fría suscitó las interpretaciones más extravagantes acerca de su desafortunado final. Localizado el pecio por la Marina de los EE.UU y tras rigurosos estudios, las causas reales de su hundimiento siguen envueltas en la misma bruma que rodea hoy a los 99 miembros de su dotación en su túmulo de hierro a tres mil metros de profundidad

     El Scorpion fue entregado a la US Navy en 1960 y desde sus primeras millas constituyó un buque especial. Elegido para obtener inteligencia y desarrollar las tácticas pioneras de la guerra submarina entre unidades nucleares, alcanzó inusitada fama al conseguir filmar por primera vez el lanzamiento de un misil soviético a través del periscopio antes de tener que escapar a uña de caballo de la escena de acción.

     En febrero de 1967 el Scorpion debió haber pasado su segundo “extended overhaul”, pero la premura de las operaciones no permitió ir más allá de unas obras de emergencia. En octubre de ese año el mando del submarino pasó a manos del Capitán de Fragata Francis Slattery. Entre adiestramientos y pruebas llegó el mes de febrero y el buque se desplazó al Mediterráneo para participar en una serie de ejercicios con la VI Flota. Allí tuvo algún encuentro esporádico con unidades del bloque soviético, alguna de las cuales lo acosó en superficie con intención de obtener una buena colección de fotografías, botín muy apreciado en la época para ambas potencias. Tras una rápida parada en Rota para desembarcar correo, mensajes oficiales y un par de marineros, el submarino se adentró en el Atlántico en misión secreta de inteligencia sobre ciertas unidades antisubmarinas soviéticas cerca de las Azores. Hacia la medianoche del 22 de mayo estableció su último enlace radio, sin embargo cinco días después no se presentó en Norfolk conforme estaba previsto en su orden de operaciones. El Scorpion había desaparecido.

    Cuatro años antes, en 1964, los americanos habían establecido una extraña base acústica en la pequeña localidad canaria de Puerto Naos, en la isla de la Palma. Con objetivos pretendidamente sismológicos, la pequeña base se dedicaba en realidad a registrar los ruidos submarinos del Atlántico, especialmente los asociados con el lanzamiento de torpedos desde unidades submarinas soviéticas. Los americanos encontraron en los registros un grupo de 15 ruidos submarinos no ordinarios concentrados en un lapso de tiempo de 190 segundos. Cortando la demora gonio de los ruidos con el plan de movimientos previstos del Scorpion llegaron a la conclusión de que el submarino se había ido a pique el día 22 a las 18:44 horas en un área en la que no tardaron en encontrar sus restos sumergidos a tres mil metros. En cuanto a la calidad de los ruidos sólo podían aventurar que el primero de ellos coincidía con los registros de una explosión, mientras que el resto se debía a implosiones producidas por la presión en el descenso del submarino a los abismos.

   En plena Guerra Fría la búsqueda de los restos del Scorpion mantuvo en vilo a la opinión pública norteamericana, ya que desde el punto de vista de la inteligencia el submarino representaba un tesoro, al encontrarse a bordo los más sofisticados avances técnicos, incluyendo torpedos nucleares de última generación, así como reveladores manuales de la planta atómica. El hallazgo del pecio dio lugar a numerosos estudios y a muy pocas conclusiones. En 1993 la administración Clinton desclasificó la mayor parte de los informes, sugiriendo que el submarino pudo hundirse por la activación espontánea y accidental de uno de los torpedos. Antes y después se han escrito multitud de libros que tratan de explicar la tragedia del Scorpion incluyendo las versiones más inverosímiles sobre el final del sumergible, entre las que cabe destacar las siguientes:  

  • Lanzamiento de un torpedo desde un submarino soviético (algunos sostienen que fue lanzado desde un helicóptero) en un trágico quid pro quo por la pérdida unas semanas antes del submarino ruso K-129, desaparecido en el Pacífico norte en circunstancias tan oscuras como las del Scorpion
  • Activación accidental de un torpedo en su tubo de lanzamiento. Este torpedo estaba dotado de una cabeza buscadora y al activarse no quedaba otro remedio que lanzarlo. En ese caso, una vez lanzado, el torpedo se habría armado y efectuado una búsqueda circular hasta encontrar el único blanco que había en las proximidades: El propio Scorpion.
  • Explosión espontánea del torpedo en su propio tubo debido al sobrecalentamiento de la batería. Se trata de un tipo de accidente algo común en submarinos de la época y muchos la han dado como la hipótesis más probable.
  • Fallo del dispositivo TDU (Trash Disposal Unit), lanzador de basura en inmersión. Este fallo ya se había producido en otras unidades, aunque nunca con resultados catastróficos. Esta causa del desastre, expuesta por el vicealmirante que presidía el tribunal naval al efecto, tenía que venir necesariamente acompañada por un fallo humano inmediato al error y se consideró poco probable.
  • También se barajó la posibilidad de un sabotaje. En 1968 en Europa había una fuerte corriente antiamericana y antinuclear y al Scorpion le habían denegado la entrada en algunos puertos. Uno de los marineros desembarcados en Rota contó que la convivencia a bordo después de tantas semanas sin tocar tierra era insoportable. Quizás para aliviar tensiones, el comandante fondeó en aguas de Nápoles y embarcó a un grupo de chicas y músicos para celebrar una fiesta a bordo. Con el paso de las horas la fiesta se fue trasladando a distintos compartimentos sin ningún tipo de control, lo que llevó al tribunal naval a considerar una posibilidad, el sabotaje, que en realidad nunca fue tenida demasiado en cuenta.

    Puede que la solución al misterio del Scorpion no llegue nunca. La ley americana obliga a mantener bajo reserva por un tiempo los documentos relacionados con las unidades navales nucleares y todo apunta a que la desclasificación total de la investigación no arrojará más luz sobre un asunto que se mantiene igual de turbio con el paso de los años. Las claves del hundimiento del Scorpion reposan a tres mil metros de profundidad, esperando a que el ser humano alcance la técnica necesaria para hacer suyas unas profundidades que, hoy por hoy, siguen siendo territorio innegociable de Neptuno.  

 

B-5, Un misterio por resolver

   Con todos los de la clase C, los submarinos B-5 y B-6 tenían su base en Cartagena cuando la sublevación de las fuerzas de África, sin embargo, al contrario que la mayoría, el B-5 permaneció en Cartagena cuando fueron enviados el Estrecho a tratar de evitar el paso del convoy de las fuerzas de África. El día 20, cuando la base fue asaltada, los oficiales fueron hechos prisioneros y serían asesinados en las matanzas del 15 de agosto a bordo del España número 3. Con un comité al mando del buque, el B-5 zarpó el 23 rumbo a Málaga para unirse al resto de la fuerza submarina en la defensa del Estrecho. Allí se hizo cargo del mando un nuevo comandante: el capitán de corbeta Carlos Barreda Terry.

   Al contrario que en otros casos, el capitán de corbeta Barreda no disimuló en ningún momento su simpatía por los nacionales y desde el principio dijo que no quería hacerse cargo del submarino, pero fue obligado a aceptar el mando supeditado al control de un comité político impuesto por el gobierno de Madrid. De marcadas ideas monárquicas, el comandante había avisado varias veces que intentaría pasarse de bando y que de no conseguirlo, trataría de sabotear el buque. En ese momento la mayoría de los oficiales submarinistas habían sido fusilados y los contratiempos sufridos por otros submarinos de la clase C desprovistos de un comandante experimentado aconsejaron mantenerlo al mando de un sumergible con un largo historial de averías. En todo caso Barreda permanecía vigilado permanentemente por la tripulación y las fricciones entre ambos fueron continuas.

   En una de las últimas salidas del submarino ocurrió un percance que a punto estuvo de enviarlo al fondo del mar. Los sumergibles de la clase B tenían un pulsador portátil que ubicaba en la vela en superficie y cuya misión era la de avisar de una inmersión urgente. Cuando lo pulsaban el comandante o el oficial de guardia, se precipitaban a continuación dentro del submarino teniendo cuidado de llevar el timbre consigo, pues el cable era tan grueso que impedía cerrar la escotilla de la vela. Lo que ocurrió en esta ocasión fue que Barreda se olvidó del pulsador y con el submarino sumergiéndose el agua comenzó a entrar a raudales dentro de la nave que tuvo que soplar lastres para regresar a superficie en emergencia. De haber sido hostigados por un buque enemigo se hubieran visto perdidos y aunque no fue así, la desconfianza que la dotación sentía hacia su comandante subió muchos enteros.

   El 17 de octubre de 1936 un hidroavión nacional descubrió un submarino tratando de hacer inmersión frente a la costa de Estepona, lanzándose sobre él y procediendo a atacarlo con dos cargas de profundidad, sin llegar a observar el resultado del ataque ni confirmar la numeral ni tipo del sumergible. La coincidencia de que el B-5 estuviera de patrulla por esa zona y el hecho de que nunca más se supiera de él, hacen pensar que bien pudiera haber sido el objetivo del ataque del hidroavión, aunque de haber tenido éxito, los pilotos lo hubieran sabido al ver aparecer los correspondientes restos en superficie tras la enorme burbuja de aire del interior del sumergible.

   El final del submarino B-5 constituye otro de los misterios del mar. Aunque difícilmente pudo haber sido hundido por el hidroavión, el ataque sí pudo dejarlo averiado y varado en el fondo hasta que se agotó el oxígeno. Es de destacar que el B-5 hacía agua a 15 metros por un defecto crónico. Otra de las teorías es que su comandante cumpliera finalmente su amenaza de sabotearlo. El hecho de que terminada la guerra su nombre fuera rehabilitado por el gobierno de Franco contribuye a considerar esta hipótesis.

   Lo que es un hecho cierto es que los 37 miembros de la dotación del submarino duermen el sueño eterno en el fondo del Mediterráneo, esperando a que su submarino sea encontrado para poner un final a su desafortunada historia.

B-6. Combate Naval frente a Asturias

  Como sus predecesores, el último submarino de la serie B vio la luz en Cartagena y en 1927 causó la admiración del mundo al permanecer sumergido tres días seguidos. Como el resto de submarinos de la escuadra nacional el levantamiento de las tropas de África le sorprendió en Cartagena y quedó afecto a las Fuerzas Navales de la República, partiendo rumbo al Estrecho el 18 de julio junto con tres sumergibles de la clase “C” para tratar de evitar el paso del convoy de Franco. Dos días después, tras fracasar en el intento, entró en Málaga, desembarcando al comandante y a los oficiales que más tarde serían fusilados. Tomó entonces el mando el maquinista Juan Cumbreras González, hasta que el 1 de agosto éste pasó a manos del alférez de navío Oscar Scharfaussen Kebbon, partiendo a mediados de septiembre al norte para luchar contra el bloqueo que imponía en el Cantábrico la Escuadra Nacional. El 19 fue atacado y hundido frente al cabo Peñas por el remolcador Galicia, el bou Ciriza y el destructor Velasco, convirtiéndose de este modo en la primera baja de un submarino en la historia de la Armada.

    Sobre la pérdida del B-6 se ha escrito mucho y se han propuesto muchas versiones de su hundimiento. El caso es que el submarino fue sorprendido en superficie por el Galicia que le disparó una ráfaga de cañonazos de 57 mm. Tocado o no, el B-6 se sumergió y el Galicia se dirigió al lugar en que había desaparecido lanzando un rosario de cargas de profundidad; pocos minutos después reapareció en superficie disparando el cañón y haciendo blanco dos veces en el Galicia. En el intercambio de fuego apareció el Velasco que disparó sus Vickers de 101, 6 desde más de tres kilómetros de distancia, haciendo blanco en el submarino a la altura de los motores y dejándolo inoperativo, por lo que 34 de sus 37 hombres se lanzaron al agua abandonando el barco, siendo recogidos a bordo del Velasco. Lo que es seguro es que dos de ellos permanecieron a bordo para abrir las válvulas de fondo al objeto de hundir el submarino para que no cayera en manos de los nacionales. Estos dos hombres, el suboficial electricista Juan Heredia y el cabo artillero Pascual Crespo, se hundieron con el sumergible. Un tercer miembro de la dotación, el marinero José Navira, pudo morir en el cañón durante el intercambio de fuego con el Galicia que, por otra parte, causó nueve bajas a bordo del remolcador. Por esta acción el comandante del Galicia, alférez de navío Federico Sánchez Barcáiztegui, recibió la Cruz Laureada de San Fernando.

   La incógnita que prevalece al paso del tiempo en el hundimiento del B-6 es por qué volvió a salir a superficie después de haberse sumergido. Es cierto que su misión era la de transportar 25 toneladas de munición de fusil distribuida entre 700 cajas de 30 kilos, pero no parece factible, como apuntan algunos, que su salida a superficie estuviera relacionada con problemas de estabilidad. La razón más probable estaría relacionada con algún daño causado por las cargas de profundidad que le lanzó el Galicia, si es que no se lo había producido el fuego de cañón previo a la inmersión. En cualquier caso, combinada con alguna de estas posibilidades, es prácticamente segura la intervención en el hundimiento del alférez de navío Oscar Scharffausen, cuyas simpatías por la causa nacional no eran ningún secreto y que si no tenía ya de por sí suficiente razones para hundirlo por motivos ideológicos, su hermano Guillermo, también oficial de submarinos, acababa de ser asesinado en los espeluznantes sucesos del España número 3. Después de la guerra Oscar Scharfaussen continuó sirviendo en la Marina Nacional, mientras que los 34 supervivientes del submarino fueron sometidos a un consejo de guerra que se saldó con 23 penas capitales, de las que se ejecutaron las de los tres suboficiales que ejercían el mando político del sumergible, concretamente los mecánicos Juan Cumbreras, Andrés Navarro y Fernando de la Pascua, que fueron fusilados en Ferrol. Al resto les fueron conmutadas las penas de muerte por diversas sentencias que los llevaron al penal de la Carraca, de donde salieron libres al poco de terminada la guerra.

Submarino C-3. In memoriam.

   A las dos y dieciocho minutos de la tarde del 12 de diciembre de 1936, a poco de comenzada nuestra Guerra Civil, el submarino C-3 patrullaba plácidamente en superficie en los alrededores del espigón de entrada al puerto de Málaga cuando se vio sacudido violentamente, se inclinó y se hundió en pocos minutos, arrastrando consigo a 35 de los 40 hombres que componían su dotación. Una pareja de pesqueros que faenaban en las proximidades, la dotación del guardacostas Xauen, algunos testigos que fumaban un cigarrillo en el rompeolas e incluso un grupo de chicas de Telefónica que seguían desde tierra las evoluciones del sumergible, coincidieron en señalar que el C-3se estremeció sin causa aparente y desapareció, dejando una densa nube de humo blanco que no tardó en disiparse como recuerdo póstumo de su existencia. A los pocos días los dos bandos contendientes daban sus versiones. Para los nacionales su pérdida era consecuencia lógica de la falta de disciplina en la Marina Republicana, que a su vez echaba las culpas de la tragedia a la injerencia de un submarino italiano. Si la nube de humo blanco se había disipado a los pocos segundos, la misteriosa e impenetrable costra en que quedó envuelta la pérdida del submarino tardaría muchos años en desaparecer.

   Al tenerse noticia de la sublevación de las Fuerzas de África, el comandante y los oficiales del C-3 fueron apartados del servicio y procedente del B-5 embarcó como comandante el alférez de navío Antonio Arbona. Inmediatamente el sumergible fue enviado al Estrecho a interceptar el paso del convoy de los soldados de África, quedando estacionado en Málaga, lugar desde el que pasó a efectuar sus patrullas.

    En el momento de su hundimiento el comandante charlaba en la vela con el capitán de la Marina Mercante Agustín García Viñas mientras el marinero Francisco Fuentes, en funciones de serviola, escudriñaba un horizonte que no hacía presagiar ninguna fatalidad. Malhumorados por el retraso de sus relevos, los marineros Isidoro de la Orden y Arsenio Lidón se dirigían a la popa a arrojar los desperdicios de la comida, sin sospechar que tan nimio detalle iba a convertirse en la milagrosa salvaguarda de sus vidas. Una vez desaparecido el submarino bajo sus pies, los dos marineros fueron rescatados del mar junto al capitán García Viñas. El comandante y el serviola perecieron ahogados y sumaron sus nombres a los de los 35 infortunados compañeros que acompañaron al C-3 en su última travesía al fondo del mar.

   Terminada la guerra nadie se preocupó de investigar las causas del hundimiento del submarino, recordado sólo y durante muchos años por los pescadores de la zona, que de vez en cuando veían ascender del fondo unas volutas oleaginosas con las que el sumergible se hacía recordar. Tendrían que pasar muchos años hasta que los archivos de guerra alemanes quedaran desclasificados, sólo entonces se supo que el C-3 había sido víctima del submarino alemán U-34, enviado a la zona como parte de “Úrsula”, una operación altamente secreta con la que Karl Doenitz quiso que sus U-boots se adiestraran en tácticas de combate en vista de la inminente guerra en Europa. Hoy sabemos que la misión encomendada al U-34 y a su gemelo el U-33 era la de atacar buques republicanos españoles y que ninguno de los torpedos disparados llegó a hacer explosión, antes de que el último acabara con el submarino español.

   No hay ninguna duda de que el sumergible que yace hundido en 36º 40´N  y 004º 21´W se corresponde con el C-3 y que sus retorcidos hierros constituyen el frío sudario de 35 marinos españoles muertos por la acción de un submarino alemán en una clara injerencia de guerra. Desde su reconocimiento e identificación se ha venido discutiendo su posible recuperación, algo de lo que personalmente no estoy demasiado convencido por las razones que expongo a continuación:

   Primero porque considero que el mar es la mejor tumba para un marinero muerto en combate. Se trata sólo de balizar el punto donde yacen los restos y respetarlos como una tumba protegida del mismo modo que hacen los americanos en Pearl Harbor con los del acorazado Arizona y los 1177 hombres que hoy descansan en su interior después de que el casco del barco fuera soldado tras ser hundido durante el ataque japonés, o los 833 marinos que duermen el sueño eterno en las entrañas del Royal Oak, hundido en el fondeadero de Scapa Flow tras el audaz ataque del U-47 de Gunther Prien.  

   Pero hay otras razones, menos sentimentales quizás, pero igualmente sólidas. Conviene no olvidar que el submarino conserva intacta su carga de combate, compuesta por un elevado número de torpedos y la munición completa del cañón. Hundido en 68 metros de profundidad en una zona de intensas corrientes, el rescate no sería ni mucho menos fácil y la empresa que se contratara, si es que alguna se atreve, cobraría unos honorarios impensables. Para terminar habría que preguntar a quienes se inclinan por la ejecución del rescate qué piensan hacer con unos restos que una vez fuera del agua y a menos que se ubicaran en un espacio cerrado y se trataran con los correspondientes productos químicos para evitar su exposición, no tardarían en descomponerse.

   En cuanto a la pérdida del submarino, mi hipótesis personal es que lo mismo que los que le precedieron, el último torpedo lanzado por el U-34 tampoco llegó a hacer explosión, pues ninguno de los testigos la recuerda ni se vio la correspondiente columna de agua. Lanzado a 50 nudos y dado el tamaño de los torpedos alemanes de la época, la colisión en la zona de baterías pudo ser suficiente para abrirle una vía de agua lo suficientemente grande para hundirlo, dejando como testigo esa nuble blanca que bien pudiera ser producto de la explosión de las baterías. De ser así el torpedo alemán no debe andar lejos del pecio.

   Sea del modo que fuere, descansen en paz los marinos que yacen entre los retorcidos hierros del submarino C-3.

C-4. Un submarino sin suerte

   Como los otros cinco submarinos de la clase C, el número cuatro fue construido en Cartagena por la Sociedad Española de Construcción Naval. Entregado en 1929 tuvo una participación activa en la Guerra Civil, sin embargo, lo mismo que el resto de submarinos que quedaron afectos al gobierno de la República, el C-4tuvo una actuación poco menos que testimonial en lo que se refiere al combate, aunque entre sus cuadernas se vivió un episodio más propio de una novela de espías que de un buque militar listo para el combate.

   Nada más iniciada la contienda el comandante y los oficiales fueron detenidos y desembarcados para ser fusilados posteriormente, quedando en calidad de comandante el teniente de navío Lasheras, segundo del C-1. En abril del año siguiente se envió al submarino al norte con la orden de hundir al Crucero Almirante Cervera, que se había convertido en una obsesión para las autoridades republicanas. El 21 de junio ambos buques se avistaron, lanzando el crucero varias cargas de profundidad que no llegaron a alcanzar al submarino. Al caer Bilbao el mes siguiente, el submarino tomó Santander como base de operaciones, siendo utilizado para evacuar al general Gámir, jefe de la defensa de la ciudad, y a los políticos más notables cuando era inminente la toma de la ciudad por parte de Franco, dirigiéndose el sumergible a Gijón, donde fue atacado por la aviación nacional que, según mensaje del comandante, le causó varios destrozos:

   "En bombardeo Musel, metralla averió casco cinco sitios. Reparo provisionalmente. Es imprescindible dique. Navego sin pérdida de tiempo en demanda costa francesa. Solicito autorización. Propongo Burdeos. Dada situación zona, única manera de salvar barco para la República"

   Sin esperar respuesta el submarino salió a la mar y entró en el puerto francés de Le Verdon, con intención evidente de entregarse al ejército de Franco junto al C-2, internado en el mismo puerto francés. El gobierno reaccionó con prontitud y envíó a Burdeos al capitán de corbeta Pedro Prado para tramitar y acelerar el regreso a la flota republicana de ambos sumergibles, a pesar de lo cual pasarían siete meses hasta que el C-4 volviese a navegar, zarpando de Francia precisamente el 14 de abril de 1938, aniversario de la proclamación de la República, al mando del oficial soviético Kuzmin, a cuyas órdenes protagonizó en dos ocasiones el llamado “Correo submarino”, cuyo objetivo era levantar la moral de los sitiados en Barcelona y Mahón. Este “Correo submarino”, primero en el mundo,  levantaría con el paso de los años la fiebre de los filatélicos por hacerse con los sellos con los que se estamparon las 2000 cartas y postales que repartió.  

   Como el resto de unidades de la Flota Republicana, el C-4 se internó en Bizerta tres semanas antes del final de la guerra, tras la cual pasó a formar parte de la Marina de Guerra Española. Con motivo de un homenaje a las víctimas del Castillo Olite, hundido frente a la isla de Escombreras en Cartagena, en abril de 1946 el general Franco lanzó una corona de flores desde la vela del submarino en el lugar donde se había hundido siete años antes el infortunado transporte de tropas, que con 1477 víctimas constituye a fecha de hoy la peor tragedia de la España marítima contemporánea.

   Sólo dos meses después, con ocasión de unas maniobras en aguas de Mallorca en las que participaba junto al C-2 y el General Sanjurjo,  el submarino fue embestido por el destructor Lepanto hacia las dos de la tarde cuando soplaba lastres tratando de emerger. El impacto recibido en la amura fue tremendo y prácticamente partió al submarino en dos partes que se hundieron en pocos segundos, arrastrando consigo a los 44 miembros de su dotación que mandaba el capitán de corbeta Francisco Reina Carvajal.  Hoy el C-4 es un pecio situado a 13 millas del Morro de la Vaca, cerca de Sóller, a 300 metros de profundidad. Descansen en paz los  infortunados hombres que lo tripulaban   

C-5. La tragicomedia de un sumergible

   Si no fuera porque se trata de una historia ciertamente trágica que se saldó con la vida 42 seres humanos, bien podría decirse que los últimos avatares del submarino C-5 fueron sacados en su día del libreto de un vodevil.

   Al declararse la Guerra Civil su comandante, el capitán de corbeta Antonio Amusátegui, un excelente oficial, fue detenido y conducido al buque prisión España Nº 3, donde sería asesinado junto a otros 214 prisioneros en la saca del 15 de agosto. El segundo, considerado un hombre de izquierdas, fue nombrado jefe de la Base de Submarinos, mientras que el único oficial fue trasladado al C-6; de este modo el buque se quedó sin oficiales, constituyéndose un comité de control formado por un suboficial, un cabo y un marinero, que no aceptaron como comandante a ninguno de los oficiales propuestos, por lo que se hizo cargo del buque el contramaestre Jacinto Núñez. De esta guisa el sumergible se dirigió a interceptar el convoy de las tropas sublevadas en África, procediendo durante el tránsito a hacer pruebas de inmersión, pero sucedió que el buque se inclinó demasiado y como no compensaba, Núñez ordenó soplar lastres, lo que hizo que el submarino ascendiera de manera descontrolada sin que los responsables del trimado acertaran a enderezarlo. La experiencia hizo considerar al comité que necesitaban un comandante experimentado, por lo que se nombró al capitán de corbeta José Lara, que aunque no gozaba de la confianza del comité tuvo que ser aceptado ya que el resto de oficiales tenían destino o habían sido fusilados.

  En estas condiciones, con un oficial de la Marina Mercante como segundo y el auxiliar radio José Porto como jefe del comité, el buque salió a navegar rumbo a Tánger ordenando el comandante cruzar el Estrecho en superficie amparados por la oscuridad de la noche, sin embargo José Porto obligó al comandante a hacer inmersión y hacia las dos de la madrugada el submarino varó en la costa africana frente a Tarifa, haciendo vanos todos los intentos de reflotarlo, lo que sólo se consiguió gracias a la marea.

  El mismo día de su llegada a Tánger recibió órdenes de dirigirse al Cantábrico, pero colisionó con el Isaac Peral durante la maniobra de levar anclas por lo que este tuvo que dirigirse a reparar a Cartagena, entrando el C-5 en Bilbao el 30 de agosto y saliendo inmediatamente al recibirse la situación del acorazado España, al que el submarino tuvo a tiro esa misma madrugada, lanzándole dos torpedos que se quedaron anormalmente cortos y fallando igualmente en un segundo ataque, lo que aumentó las sospechas en torno a la figura del comandante.

   El tres de septiembre, navegando en superficie, se encontró con dos bous nacionales, ordenando José Porto atacarlos al cañón, pero la aparición de un hidroavión nacional hizo que llamaran urgentemente al capitán de corbeta Lara para que se hiciera cargo de la situación, ordenando este hacer inmersión de manera inmediata. En estas condiciones y con el submarino sumergido en 50 metros apareció el destructor Velasco, que lo atacó con cargas de profundidad, estallando una de ellas tan cerca que lo dejó sin propulsión ni electricidad, tocando fondo en sondas de 85 metros. Tras casi dos días de reparaciones varado en el fondo del mar, el C-5 consiguió salir a superficie solicitando dirigirse a reparar a Cartagena, pero los mandos lo consideraron un pretexto y les ordenaron mantenerse en la cornisa cantábrica.

   El siguiente incidente tuvo lugar a mediados de septiembre cuando avistaron al crucero Almirante Cervera en la zona del cabo Peñas. Una vez más José Porto decidió tomar el mando para el ataque, ordenando al comandante mantenerse en el periscopio por ser el único capacitado para dar distancias al blanco, cuando el jefe del comité dio la orden de fuego, Lara replicó que era imposible por haberse interpuesto un crucero alemán, momento en que, en un arranque de furia, Porto quiso disparar al comandante con su pistola, lo que evitó el jefe de máquinas. A partir de ese instante el capitán de corbeta Lara fue recluido en su camarote acusado de traidor, siendo relevado por el segundo.

   A finales de octubre la guardia nocturna fue sorprendida por una docena de hombres armados que se apoderaron del submarino. Más tarde se supo que los asaltantes eran agentes del gobierno de Euzkadi a los que se obligó a devolver el submarino. El hecho se saldó con un consejo de guerra al centinela, el marinero Ramón Cayuelas, que consiguió salvar su vida al amenazar al tribunal popular que lo juzgó con contar la vergonzosa conducta e incompetencia del presidente del comité. José Porto decidió pasar página, aunque recomendó el desembarco de Cayuelas cuando llegase su relevo, lo que sucedió el 31 de diciembre, la misma tarde que el submarino zarpó de Bilbao en la que sería su última singladura, pues poco después se perdió todo contacto con él y al día siguiente los pescadores dieron noticia de haber divisado una enorme mancha de aceite 11 millas al norte de Ribadesella. Además de Cayuelas, otros dos hombres salvaron la vida al encontrarse ingresados en el hospital.

   Desde el mismo momento de su desaparición se han venido haciendo conjeturas sobre el final del C-5, prevaleciendo la de que el capitán de corbeta Lara propició su hundimiento como forma de servir a los nacionales. Esta teoría choca con el hecho de que el propio Lara lo había salvado tres meses antes y que en esta ocasión permanecía confinado en su camarote, aunque hay que tener en cuenta que después del incidente con Porto el comandante estaba prácticamente condenado y no es descabellado pensar que volvieran a poner el submarino en sus manos con ocasión de cualquier coyuntura técnica. Una vez acabada la guerra, su viuda inició un proceso de rehabilitación para que fuese considerado por el ejército vencedor el héroe que parecía haber sido. Así lo refleja también el propio marinero Ramón Cayuelas, que con el paso del tiempo se convirtió en un cotizado escritor y al que se ha considerado siempre una especie de fetiche de la buena suerte, olvidando que a menudo la suerte es una moneda de dos caras, pues su desembarco tras el secuestro del submarino supuso el embarco de otro marinero cuya vida se perdió junto a las del resto de la dotación.

   A fecha de hoy el submarino C-5 es un pecio cuya localización e identificación constituye uno de los objetivos del Plan Nacional de Arqueología Submarina. Descansen en paz los 42 miembros de su desafortunada dotación.

Nota del Autor: El almirante José Ignacio "Sisiño" González-Aller me remite cariñosamente al libro escrito con el también almirante Gonzalo Rodriguez Martín-Granizo (†) "Submarinos Republicanos durante la Guerra Civil". En sus páginas se explica que el CC José Lara Dorda consta a todos los efectos como "muerto en campaña afecto a la causa nacional". Al parecer el oficial se sinceró en una ocasión con Roberto López Barril, al que hizo saber que tenía escondida una pistola, explosivos y un detonante y que su intención era pasarse al bando nacional y que "si me fallan los medios, hundiré el submarino y moriremos todos. Espero que Dios sepa perdonarme..." Este relato magnifica más, si cabe, el desafío de encontrar los restos del sumergible que guarda entre sus metálicas cuadernas la solución al enigma de su desaparición.

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Román | Respuesta 29.08.2015 23.02

Excelentes artículos. Felicidades.
sobre la guerra submarina, ver también:
http://www.navegar-es-preciso.com/news/un-episodio-tragico-de-la-guerra-submarina-el-us-nautilus-torpedea-al-vapor-japones-america-maru-en-el-mar-de-filipinas/

Francisco | Respuesta 11.11.2014 23.37

Estoy buscando información sobre barcos confederados(CSS) en el Mediterraneo en el periodo 1861-1865.

Eloy | Respuesta 29.01.2014 05.52

Capitan, me ha tenido prisionero desde las 14:00 q accidentalmente llegue a su blog hasta las 23:20, hora en la q apenas me vengo parando de la silla. Gracias

Luis 29.01.2014 11.22

Ya quedas libre, prisionero. Vuelve cuando quieras. Un abrazo

Gonzalo Díaz Granda | Respuesta 27.08.2013 21.28

Conocí a Oscar Scharfhausen. Como en el B5, dejó el pulsador fuera a posta. Al emerger el del comité intentó dispararle, pero se salvó tirándose al agua.

Luis 29.01.2014 11.21

Buen aporte!

mbastazo | Respuesta 25.05.2013 22.10

Hola. Mándenme las novedades. Gracias y enhorabuena. Está pero que muy bien.

mbastazo 09.08.2014 15.17

Sí. Los cambios que haya. Gracias.

Luis 26.05.2013 02.56

¿Novedades?

Kiko | Respuesta 28.01.2013 22.27

ufff, qué pedazo de página. No se cómo me la había perdido hasta ahora. Cuente con un fiel seguidor!!

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Comentarios

12.06 | 15:51

Acabo de "devorar" el libro.
Sólo puedo dar las gracias por recordar a ese puñado de marineros, que con un par se echaron a la mar en Sanlúcar.

...
06.06 | 09:03

No, pero te cobrarán 3 euros a la entrada con lo que podrás tomarte un vino, una cerveza o un refresco. Un saludo

...
06.06 | 08:56

¿Hace falta invitación para la presentación en Madrid?

...
01.06 | 21:02

Muy interesante

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