Una experiencia inolvidable

El Octopus, un superyate

Los que me conocen saben de mi afición por los naufragios, sobre todo por los más emblemáticos, más aún cuando se trata de barcos españoles, situando al frente de ellos el del crucero “Reina Regente”, desaparecido cerca de Barbate el 10 de marzo de 1895 durante un violento temporal con los 412 hombres que constituían su dotación el aciago domingo en que por última vez cabalgó las olas. Desde su desaparición se han intentado localizar sus restos una y otra vez que, hasta donde yo sé, continúan en paradero desconocido.

Por estas fechas, hace ahora tres años, estando en la reserva sin destino en Jerez, recibí una llamada del Almirante de la Flota preguntándome si quería embarcar en cierto buque que habían ofrecido a la Armada con el que se pretendía rastrear una vez más los restos del naufragio. Naturalmente contesté que sí. Las únicas instrucciones que recibí fueron las de esperar el misterioso buque en el muelle de Cádiz, pues pasarían a recogerme en unas horas.

El barco en cuestión resultó uno de los mayores yates del mundo, el “Octopus”, propiedad del multimillonario y filántropo Paul Allen, cofundador de Microsoft, que, entre otras cosas, con sus 126 metros de eslora y 21 de manga, sus dos helicópteros, otro yate menor que aloja en su panza junto a un mini submarino, constituía en aquellos días el mayor superyate del mundo no perteneciente a un jefe de estado.

Una vez a bordo fui recibido muy amablemente por la tripulación encabezada por su capitán, un joven oficial finés. En esencia el barco reparaba en Málaga y salió a hacer pruebas de motores, posicionándose sobre el pecio del submarino C-3, que desde diciembre de 1936 permanece hundido frente a Málaga con unos 35 de sus tripulantes a bordo, constituyendo una tumba protegida, razón por la que el yate fue interceptado por la Guardia Civil y su capitán tuvo que ir a la comandancia naval a dar explicaciones.

Además de preservar ciertas formas de vida en la tierra e intentar encontrar rastros de vida en el espacio exterior, desde que sufriera un cáncer muy agresivo y se retirara de Microsoft, empresa que había fundado junto a Bill Gates en 1975, Paul Allen venía ofreciendo el “Octopus”a la investigación de buques hundidos. En aquellos días, de manera completamente altruista, trabajaba en el levantamiento de un mapa de pecios en las aguas jurisdiccionales de Malta, utilizando como base logística y de descanso la ciudad de Málaga, donde su presencia en los últimos años resulta bastante habitual.

En cualquier caso el capitán finés se presentó en la comandancia naval, donde, siguiendo instrucciones de Allen, ofreció el yate al gobierno español para lo que pudiera resultarles de utilidad, y fue de aquella manera como el ofrecimiento llegó al Almirante de la Flota que decidió que podía ser una buena oportunidad para tratar de encontrar de una vez por todas el “Reina Regente”, acordándose de mí, cosa que agradecí profundamente.

Efectivamente el “Octopus” apareció pocas horas después en el saco de Cádiz recogiéndonos a mí y a un oficial del Instituto Hidrográfico, dirigiéndonos a continuación a la zona del hundimiento del crucero desaparecido hacía 123 años en aquellos días. Mientras nos dirigíamos a la zona el capitán me dio una vuelta por el barco, cuya zona VIP, por encima del puente, está constituida por cinco camarotes de superlujo, uno de ellos un espacioso apartamento flotante reservado al armador. Por la parte baja me llamó mucho la atención que de manera ventral el barco albergara en sus entrañas un yate menor (de 19 metros) para poder acceder a los muelles que resultaran demasiado pequeños para el yate principal y un minisubmarino (amarillo) para investigación oceanográfica con capacidad para cinco personas y capaz de de descender hasta ocho mil pies Al modo de nuestro Juan Carlos I, el yate se inunda de popa donde la apertura de una porta permite la entrada y salida de las dos unidades que carga en su vientre.

Pocas fechas antes de aquellos días el barco había estado atracado en Cannes durante su famoso festival de cine, llevando como invitados de excepción a los Rolling Stones. En ese momento incorporaba sólo uno de sus dos helicópteros, aunque ningún piloto, de modo que me ofrecí al capitán por si necesitaban contratar a uno. No debió interpretar que se trataba de una broma porque a la hora de comer me dijo que había enviado un mail a Paul Allen notificándole mi interés…      

Foto:

El “Octopus”  con su submarino en primer plano

 

 

En busca del Regente

Como es fácil de imaginar la vida a bordo del “Octopus” constituyó una caja de sorpresas. La tripulación estaba constituida por unas veinte personas, la mayoría mujeres y según me contó un oficial de puente gaditano el proceso de selección es bastante exigente.

Pero lo que más llamó mi atención fue la cámara de control de las inmersiones, lugar en el que pasé la mayor parte de las horas. Para un oficial que había estado al mando de nuestro querido “Poseidón”, vendido a Mauritania muchos años atrás ante la amenaza del soplete, resultaron bastante sorprendentes la modernidad y funcionalidad del lugar desde el que se controlan las inmersiones en el “Octopus”. Un moderno sistema de posicionamiento dinámico permitía hacerlas sin preocupaciones por la deriva como consecuencia de la corriente.

Para la búsqueda el Instituto Hidrográfico nos había provisto de tres puntos concretos que tenían interés en investigar. Las coordenadas estaban concentradas en un radio de unas tres millas, en profundidades entre los 90 y los 110 metros. Vaya por delante que los resultados de la exploración seguramente constituyan una decepción para muchos de los que leéis estas letras y os sentís atraídos por los secretos del fondo del mar, pero no para mí por las razones que expondré.

Para la exploración utilizamos un vehículo submarino (ROV) de última generación, conducido por Mike, un galés con mucho oficio que donde ponía el ojo ponía el ROV, cosa que suele resultar bastante complicada debido a las corrientes y obstáculos que suelen encontrar estos vehículos. Yo ya había hecho otras búsquedas anteriormente en el mismo lugar, principalmente con el “Poseidón” y el “Neptuno”, pero confieso que nunca había obtenido imágenes tan nítidas. Hablaremos más delante de los resultados.

Durante la primera exploración sucedió una de las cosas más interesantes  de la experiencia, cuando de repente escuché mi nombre y un saludo en un inglés con un marcado acento americano. A mi lado Mike se puso tieso y susurró un claro y diáfano: “the boss”, mientras activaba un monitor en el que apareció igual de nítida la imagen de Paul Allen que me saludaba desde su casa en Seattle.

Aquella mañana tuvimos la primera de unas cuantas conversaciones. Tras reiterar sus disculpas por el incidente del C-3, me pidió que le contara la historia del “Reina Regente” que pareció impactarle profundamente, tanto por las 420 vidas perdidas como por el hecho de que el único superviviente fuera un perro.

Le dije que la Armada llevaba mucho tiempo  tratando de localizar el crucero y contestó que entendía nuestra frustración, pues él mismo la había sentido poco tiempo atrás al no encontrar el pecio de un enorme buque perdido al sur del Cabo de Santa María (Algarve portugués) durante la última guerra mundial. Supuse que estaba hablando del “Avenger”, portaaviones británico de catorce mil toneladas hundido por un submarino alemán en 1942. Le expliqué dónde estaba hundido el U-155 que había echado a pique al “Avenger” y le sorprendió conocer la “Operación Deadlight” en la que los ingleses hundieron al norte de Irlanda todos los submarinos alemanes que se entregaron tras el final de la guerra.

A continuación hablamos de la fuerte corriente que se da en la embocadura oeste del Estrecho y como un barco, más cuanto más toneladas desplaza, una vez tocado de muerte puede “navegar” muchas millas durante su descenso al fondo del océano. Un poco lo que le pasó a la proa del “Titanic”.

Durante los días que permanecí buscando “el Regente” hablamos en varias ocasiones. Paul Allen me contó que venían de recuperar la campana del “Hood”, hundido por el “Bismarck” en el Atlántico Norte. Yo no tenía ni idea y me pareció que debía haber sido una empresa dificilísima, pues el “Hood” está hundido a casi tres mil metros. Al parecer, uno de los tres únicos supervivientes del hundimiento (el barco arrastró consigo al fondo del mar a más de 1400 hombres), había expresado su deseo de volver a ver la campana, pues tocarla formaba parte de su trabajo.

El rescate se llevó a cabo bajo fuertes medidas de discreción pues Paul Allen pensaba hacer entrega de la campana a la Royal Navy en una ceremonia que sería retransmitida por Televisión.

En otra apasionante conversación contó que había conseguido localizar los restos del crucero norteamericano "Indianápolis", hundido también en la II GM a consecuencia de un torpedo japonés, y que pronto “lo sacarían a la luz para que los 14 supervivientes del naufragio y las familias de los muchísimos muertos que produjo pudieran pasar página”.

Quedó bastante sorprendido cuando le dije que conocía la historia del barco y que había escrito un relato corto del mismo, y se rio de lo lindo cuando reproduje, supongo que en un inglés horrible, una conversación sobre el “Indianápolis” en la cinta original de la película “Tiburón” de Steven Spielberg. Me pidió que le enviara el relato y lo hice, pero no sé si llegaría a leerlo, pues murió unos pocos meses después. Finalmente el cáncer pudo con él…

Foto

El desafortunado crucero Reina Regente

Neptuno sigue siendo el rey...

Como ya anticipé, los resultados de la exploración seguramente decepcionarán a más de uno, pues de los tres puntos elegidos lo único que conseguimos fue descartar uno, resultando los otros dos imposibles de relacionar con el pecio del “Reina Regente”. Los naufragios correspondientes a estos tres puntos llevaban mucho tiempo clasificados como probables restos del crucero, pues algunos otros existentes en la zona de búsqueda se habían descartado por unas u otras razones, principalmente por el tamaño.

En cuanto a los dos pecios clasificados como probables que no pudieron ser confirmados a pesar de que el ROV del "Octopus" penetró en sus más íntimos recovecos, lo cierto es que se trata de restos tan deteriorados que resultó imposible ningún tipo de identificación, aunque en ambos casos puede confirmarse que se trata de naufragios antiguos, entre otras razones porque se ve que las estructuras metálicas superiores han cedido convirtiendo los restos en un destartalado montón de escombros. Por otra parte, los cañones, siempre útiles para confirmar el reconocimiento de una unidad de combate, es muy probable que se desprendieran del barco por gravedad si antes de hundirse dio la vuelta, lo que tiene toda la pinta de haber sucedido y podría ser una de las razones que respondiera a la inquietante pregunta de por qué únicamente sobrevivió un perro y ningún ser humano y que tampoco se encontraran cuerpos de ahogados. Lamentablemente no puedo aportar fotografías, pues a pesar de que se hicieron muchas, se entregaron todas al Almirante de la Flota junto con muchas horas de grabación.

En cualquier caso el resultado fue que no pudimos reconocer fehacientemente los restos del “Regente” y teniendo en cuenta que los restos se degradan cada vez más con el tiempo y que es improbable que la Armada pueda llegar a contar a con una plataforma de exploración tan cualificada técnicamente como el “Octopus”, personalmente tengo el convencimiento de que será muy difícil que el crucero pueda llegar a ser identificado en el futuro de manera puramente visual. Me consta que en octubre del año pasado el “Neptuno” llevó a cabo el enésimo intento de identificación con sus sonar de barrido lateral y el “Navajo”, un ROV de última generación, pero no tengo noticias de los resultados.

Habría, tal vez, una forma de conseguir reconocerlo, pero no es aceptable políticamente. Me explico.

En 2004, siendo Ministra de Cultura la actual vicepresidenta del gobierno, delegó en una determinada comunidad autónoma la soberanía de cierto naufragio. La Constitución establece que la soberanía de las aguas jurisdiccionales y cuanto contienen es del Estado, correspondiendo a las comunidades autónomas exclusivamente las aguas interiores, por lo que tras aquella cesión no hubo más remedio que delegar en el resto de las correspondientes autonomías la soberanía en las doce millas de sus costas, de manera que hoy se da la paradoja de que habiendo sido un buque de la Armada, la institución está incapacitada para investigar los potenciales restos del “Regente” sin permiso de la Junta de Andalucía y, en cualquier caso, sin extraer ninguna parte del mismo. Ocurre sin embargo, y esto lo considero un golpe de fortuna, que el “Reina Regente” fue construido en acero dulce, material que estuvo de moda en la construcción naval sólo durante unos pocos años, por lo que la simple extracción de unas muestras servirían para descartar cualquier pecio que no tuviera esta composición, mientras que si se encontrara acero dulce habría un alto porcentaje de posibilidades de que fuera, por fin, el barco que llevamos tanto tiempo buscando.

Para la Armada el “Reina Regente” constituye el objetivo principal y número uno de la lista de recuperación del patrimonio sumergido y esto es así por razones puramente sentimentales, principalmente porque entre sus retorcidas cuadernas el barco contiene el último suspiro de 420 compañeros.  Para reforzar esta idea, baste decir que el objetivo número dos de la lista es el “Santo Cristo de Maracaibo”, uno de los famosos galeones de la Flota de Indias acorralados por la combinada angloholandesa en Rande, en la ría de Vigo, en los inicios de la Guerra de Sucesión en 1702, y que fue elegido por los ingleses para concentrar buena parte de la riqueza que traían los barcos de América, siendo remolcado fuera de la ría a continuación.

De alguna manera resultó que faltó (falló, se rompió) la estacha de remolque y el buque se hundió en algún lugar, dicen que próximo a las islas Cíes, con su carga valorada en millones de pesos de la época. Pues bien, con todas sus riquezas el “Maracaibo” se sitúa tras el “Regente” en la lista de patrimonio sumergido de la Armada, a pesar de que a bordo del “Regente” no hay otro valor material que el de las pocas monedas que pudieran llevar en sus bolsillos los pobres desgraciados que formaban su dotación el fatídico día de su hundimiento.

Decía que, personalmente, para mí el hecho de no haber podido reconocer el pecio no constituye ninguna decepción, pues en la parte humana sus tripulantes duermen el sueño eterno en la mejor tumba que puede tener un marino, mientras que, por otra parte, prevalece uno de los misterios más significativo de los fondos marinos.

Hoy la televisión anuncia casi a diario cómo, poco a poco, el ser humano penetra cada día más en la galaxia y fuera de ella, hasta el punto de que hemos tenido que inventar unidades de medida que cuentan los kilómetros por millones, mientras que, contrariamente, debajo del mar la civilización apenas ha sido capaz de penetrar unos pocos metros; de alguna manera ahí abajo Neptuno sigue siendo el rey y esa es una de las razones que hacen tan atractivos el mar y los secretos que guarda tan celosamente como el hombre trata de arrebatárselos. Que siga así, que no se pierda el misterio.

Foto

Lugar de la búsqueda

 

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Comentarios

03.07 | 21:48

Actualmente estoy leyendo su libro sobre la historia de la navegación. Lo estoy saboreando....la historia de los duros antiguos...
Mil gracias, mi capitán.

...
06.06 | 22:52

Hola soy antiguo electrónico de la Armada, después de leer y oír hablar del Galatea, fui a visitarlo a Glasgow, es una maravilla como lo han recuperado.

...
24.05 | 11:55

Muchas gracias a ti, Pedro, por el comentario. Un abrazo.

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24.05 | 10:52

Buenos días. Ayer hallé su relato "Sudario de hielo", fascinante propuesta al misterio del San Telmo tras enfrentarse al Cabo de Hornos. Extraordinario. Gracias

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