El Almirante Colón

Un personaje apasionante

El Almirante Cristóbal Colón

   Por Ignacio Mollá.

   “Descubrí” a Cristóbal Colón en el año 1992 cuando, con motivo del V Centenario de nuestra llegada a América me leí una de las muchas biografías que se publicaron en aquel año sobre el Almirante. Hasta ese momento mis conocimientos sobre el tema se reducían a que navegó con tres carabelas, que el 12 de octubre de 1492, Rodrigo de Triana desde la cofa de la Pinta gritó ¡Tierra! y poco más…

    Al adentrarme en la historia del Descubrimiento, fue cuando me enteré de que Colón nunca había navegado con tres carabelas porque la Santa María era una nao, que la Pinta no tenía cofa y que en aquella madrugada oscura del 12 de octubre la costa no podía verse, por lo que al parecer  lo que gritó en realidad aquel marinero fue “¡Lumbre!” al divisar una hoguera.

   Asombrado por mis “descubrimientos” quise saber más sobre el tema motivado también porque en aquellos años de los 90, comenzaba mi actividad profesional como formador de empresa entrenando a comerciales y quería saber más acerca de la negociación que mantuvo Colón con los Reyes Católicos convencido de que sería de sumo interés para quienes se dedican a la gestión comercial.

  No me equivocaba, así que me encontré con la que, estoy seguro, ha sido la negociación más importante de la historia, al desembocar, sin pretenderlo, en el encuentro entre dos culturas, el cambio profundo de la concepción del planeta y el inicio de nuestra época moderna.

  Pero lo que no podía imaginar es que al interesarme por la historia del Descubrimiento, iba a quedar tan “enganchado” a la figura de Cristóbal Colón seducido por sus misterios.

  Pensemos que Colón ha sido, después de Jesucristo, el personaje que más impacto ha causado en la cultura occidental y se escribe y se especula sobre su vida a partes iguales;  probablemente, la historia y sus investigadores, sean incapaces de desvelar todos los secretos que hay en torno a su figura y tengamos que aceptar que quede como un enigma para siempre.

  Cualquiera que se sume a la tarea de leer y conexionar todo lo que conlleva el tema colombino, se verá, como es mi caso, en medio de una apasionante novela de suspense, donde uno mismo se convierte en investigador.

  No soy escritor profesional pero me ilusiona esta tarea de subir a bordo del “Sextante del Comandante”, al Almirante Cristóbal Colón, porque al interés que tengo por éste tema,  se une mi vocación frustrada de marino, algo que tuve que aceptar cuando a mis 19 años, al terminar COU en el CHA (Colegio de Huérfanos de la Armada), me detectaron “discromatopsia” (daltonismo, para entendernos) y tuve que renunciar a presentarme a la Escuela Naval Militar cambiando las cocas de las bocamanga del uniforme por las estrellas de oficial del Ejército de Tierra. Todavía hoy sigo impregnado de aquella Armada que mamé en mi infancia, de la mano de mi padre y de los muchos familiares que tengo vinculados a la mar.

  Gracias Luis, mi comandante y hermano, por invitarme a colaborar en tu web y desde el respeto que me impone la gesta colombina, espero ser capaz de arrojar algo de luz y datos de interés para quienes, como yo, vean en el Descubrimiento de América una de las páginas más apasionantes de nuestra historia.

Colón, un enigma para siempre

Firma de Colón

  ¿Qué es lo que explica tanto misterio en torno a la figura de Colón?

  Me atrevo a apuntar algunos motivos secundarios y uno principal. Los secundarios: Que Colón era de origen humilde y su propia soberbia y delirios de grandeza le impedía reconocer su cuna. Que además descendía de judíos y los propios judíos estaban siendo expulsados de la Península por los mismos monarcas a los que él tenía que recurrir buscando apoyo. Y su propia personalidad: Colón fue un hombre sumamente reservado y aunque se daba la paradoja de que fue a la vez un extraordinario autopropagandista, no hay duda de que nunca quiso contar la verdad sobre su historia.

  Los motivos expuestos, serían suficientes para justificar que viviera de una manera huidiza, moviéndose con destreza para evitar mostrar lo que a él no le interesaba; así vemos que en vida nadie fue capaz de pintarle un retrato, algo extraño para un personaje de su relevancia. La firma que utilizaba sigue siendo un anagrama criptográfico sólo explicado desde la especulación. Su lugar de nacimiento, la relación que mantuvo con la madre de su segundo hijo, el diario que escribió durante la travesía de su primer viaje, su lengua materna, los estudios que realizó… todo sigue siendo  un misterio. Incluso se ha llegado a cuestionar la fecha exacta del Descubrimiento.

  Y por si no fuera suficiente, cuando muere, sólo 16 años después de su gran gesta, Colón pasa al más absoluto ostracismo, siendo “desempolvado”  en 1892 por los historiadores cuando con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, coincidiendo con la época del Romanticismo, su figura mística y soñadora parecía acorde con aquel periodo de nuestra historia.

  Este hecho, de permanecer “dormido” durante 400 años, hace que toda la bibliografía de Colón, que es mucha, sea relativamente moderna y se sustente en pocos documentos de su época.

  Pero el motivo principal que mas alimentó el misterio y lo que explica mejor porqué Colón tuvo que convertirse en un enigma difícil de descifrar, es la llamada teoría del “Pre-descubrimiento”, desarrollada por el profesor Manzano y según la cual, Cristóbal Colón sabía mucho más de lo que confesaba.

  Según esta teoría, hubo una carabela que navegando por las aguas de Cabo Verde, fue empujada por los vientos alisios de la zona hasta el Caribe donde arribó; aquella tripulación fascinada por lo que encontraron, se dedicarían a explorar y a disfrutar de aquel vergel, hasta que, preocupados por la madera de la nave que comenzaba a ser carcomida por los gusanos y sobre todo por  las enfermedades contraídas por la mayoría de los tripulantes, decidieron regresar a toda prisa hacia Europa yendo a desembarcar en la isla de Porto Santo en Madeira, lugar donde se encontraba precisamente Cristóbal Colón ejerciendo de Gobernador de la isla;  el último tripulante que logró sobrevivir y regresar, -para algunos historiadores se trataría del piloto castellano, Alonso Sánchez de Huelva - en su lecho de muerte le daría a Colón una información muy precisa sobre lo que ellos habían descubierto y en concreto el dato de que a 750 leguas navegando hacia el oeste desde aquellas latitudes, descubrirían tierra. Y este pasaría a ser el gran secreto del Almirante. Una información que obtuvo cuando apenas tenía 30 años y que tuvo que guardar celosamente durante toda su vida porque en aquella época, de expansión marítima,  todos los descubrimientos pasaban a ser  patrimonio de los Estados de manera que, el rey Juan II de Portugal de haber conocido que esa información estaba en manos de Colón, siendo su súbdito y gobernador de una de sus islas, probablemente le hubiera  penado con la muerte por traición a  la corona portuguesa.

  En 1506 Colón muere atormentado por no saber con exactitud que había descubierto. Paradojas de la vida: él, que no había conocido otra manera de vivir que no fuera envuelta en misterio, tuvo que sufrir las consecuencias de un enigma que le consumió en los últimos años de su vida y que le negó disfrutar de su gesta tal como había soñado.

  Afortunadamente cerró los ojos sin saber que el Nuevo Mundo no se llamaría como él hubiera querido, Colombia, sino que todo el continente terminaría denominándose, injustamente para él, América.

Juicio a Cristóbal Colón

Colón, preso, es enviado a España

  Cristóbal Colón fue sometido a juicio por el “Tribunal de la Leyenda Negra” y sentenciado como culpable por el genocidio de los indígenas americanos.

   Quiero, desde esta tribuna de El Sextante del Comandante, recurrir la condena.

  Es obvio que si analizamos los comportamientos de nuestros conquistadores a finales del siglo XV, con los criterios éticos y morales de hoy en día, es imposible no estremecerse con los relatos de entonces.

  Los españoles de los albores del siglo XV no fueron ni ángeles ni demonios, simplemente se comportaron como hombres de su tiempo.

   Efectivamente hubo una inevitable explotación del hombre por el hombre; pensemos que  en aquella época no existía el concepto de humanidad tal  como lo entendemos ahora, sino que el derecho a la posesión de las tierras y el botín de guerra era lo normal en unas sociedades   herederas del pensamiento de la Edad Media.

  España no fue más cruel que el resto de países colonizadores.  Crueles fueron los portugueses en sus incursiones por África al descubrir el suculento negocio del esclavismo; los ingleses también lo fueron al desembarcar en Australia en 1770 (por cierto, doscientos años después de nuestra llegada a América) donde masacraron y exterminaron a los aborígenes por no considerarlos humanos.

  Y, que decir de los anglosajones, ingleses y holandeses, quienes después de establecerse en 1600 en la costa este de Estados Unidos, iniciaron la Conquista del Oeste movidos por una ambición sin límites; una conquista que todos conocemos bien  por las películas de vaqueros y con las que, no sé por qué extraña razón, todos parecemos “anestesiados” viendo con naturalidad como a los “indios malos”, que cortaban cabelleras,  se les recluía en “reservas” si no es que se les exterminaba primero. Allí en 20 años, el hombre blanco, justificado por un “destino divino”, aniquiló a los siux, apaches y navajos asentados en aquellas tierras desde el año 10000 a.c. y todo por su condición de salvajes.  Por cierto, lo del  “Far West” ocurrió a finales de 1880, también hace muy  poco y las reservas indias se mantienen todavía hoy, en pleno siglo XXI, en Estados Unidos.

  Sin embargo, el papel de nuestros conquistadores se vio gravemente tildado por la injusta “Leyenda Negra” orquestada contra España, porque al ser la principal potencia del mundo (en la época de Carlos V “no se ponía el sol”), el dicho popular “solo se tiran piedras contra el árbol que da frutos”,  lo explica por sí mismo.

  Y es injusta no sólo porque los españoles no fuimos mas canallas que el resto, que no lo fuimos, sino porque todo el Descubrimiento de América se desarrolló, además,  desde una marcada obsesión de los Reyes Católicos para que todo se hiciera con arreglo a derecho.  Es verdad el dicho de que en aquella época “Nunca se legisló tanto, a la vez que nunca se incumplió tanto”, pero precisamente por eso, gracias al Archivo de Indias, la Casa de Contratación y un sinfín de organismos creados en la época, se sabe con certeza  el papel que jugamos los españoles en América. Ningún otro país conquistador puede contarlo como nosotros. 

  Como ha escrito Alejandro N. Bertocchi Morán, profesor de historia militar y naval en el Instituto Militar de Estudios Superiores de Montevideo,  “…cuán diferente hubiera sido el desti­no de nuestros indios si los pendones con la Cruz de San Jorge o la bandera franjeada de la República Neerlandesa hubieran establecido su dominio en estas australes latitudes. Sin duda que el darwinismo se hubiera impuesto con la rudeza que se sufrió en Tasmania, Australia, África o el vasto territorio norteamericano, donde todos aquellos naturales fueron pasados a cu­chillo sin contemplación. Y por cierto, sin marco legal alguno”.

  Añadamos que Colón muere apenas 15 años después de pisar tierra americana y han transcurrido ya más de 500 años, así que culpar al Descubridor, de todos los males que aquejan a aquellos países,  como se sigue haciendo hoy en día, incluso por parte de algunos mandatarios sudamericanos,  es tan absurdo como injusto.  

  De Cristóbal Colón se dice que, habiendo sido el mejor navegante de su época, no fue, sin embargo, un buen “colonizador”. Y es verdad que no lo fue, ni él, ni ningún otro explorador del momento.

  Pero Colón pagó por su mala gestión siendo conducido encadenado a España en 1500 y, después de ser sometido a juicio, por esa Corona tan criticada por la “Leyenda Negra”, cumplió condena perdiendo algunos de sus cargos y privilegios, aunque todavía realizaría un viaje más en nombre de los Reyes Católicos.  Señal de que el sistema instaurado por nuestra Corona funcionaba.

  Ese mismo sistema elaboró el “Derecho de Gentes”: las leyes con que Isabel I de Castilla puso las bases para la protección de sus súbditos de la Nueva España. Una protección que ordena que por el mismo delito “sea más castigado el español que el indio”. Unas  Leyes que sientan las bases de todo un cuerpo legislativo que no ha sido copiado por ninguna otra nación colonizadora.

  Señorías… termino con mi alegato de conclusión: si alguien conoce algún otro  caso de navegante, conquistador o explorador contemporáneo del Almirante, que fuera sancionado, reprochado o condenado por el país que le envió a conquistar, digamos Inglaterra, Holanda o Portugal, estados que lo hicieron con idénticos procedimientos, sino mas crueles,  que los utilizados por nuestros conquistadores, no tengo nada que alegar en defensa del Descubridor y retiro mi recurso, pero mientras eso no ocurra y no ocurrirá, porque sólo España, adelantándose a su tiempo,  quiso legislar para que aquello se hiciera con orden y con espíritu de defender a los indígenas, me mantengo en mi tesis de declarar a Cristóbal Colón inocente de todos los cargos.

Pero, ¿de dónde vino?

Colón desembarcando con el pendón de la Corona de Castilla

Resulta muy difícil abarcar el estudio profundo de todas las teorías que se disputan el lugar donde Cristóbal Colón vino al mundo.

 Sin pretender sentar cátedra, algo imposible en la historia de este hombre, sí quiero compartir con qué teoría me quedo.

 De manera muy resumida y planteando que el lugar de nacimiento del Descubridor  fuera un puzle:

 1. Colón nacido en Génova:

Es la teoría oficial; se sustenta en que el propio Almirante dijo haber nacido allí, hay documentos legales de la época que lo ratifican y además su hijo Hernando,  en su biografía así lo contempla. En contra, se sabe que los testimonios de padre e hijo, muchas veces no se ajustaban a la verdad en su obsesión por ocultar sus orígenes y, lo que es más importante, no se explica por qué, si nació en Génova, nunca utilizara el italiano a lo largo de su vida, un idioma que se supone tuvo que aprender y hablar, por lo menos hasta que con 25 años, abandonara Génova para ir a Portugal.

 Con esta tesis, el supuesto puzle encajaría  en un 80%.

 2. Otras teorías:  Colón catalán, gallego, mallorquín, portugués, francés, suizo

Para mí, todas ellas se apoyan en indicios, muchos de ellos de muy sólida solvencia, pero no terminan de demostrar otros muchos aspectos quedando todas las tesis inconclusas.

 El puzle encajaría (según que teoría), hasta llegar a un 60% en el mejor de los casos.

 3. Colón aragonés. Esta teoría me llamó mucho la atención porque parecía que resolvía las incógnitas de la teoría oficial genovista. Desarrollada por la escritora e investigadora Marisa Azuara sostiene que Colón, hijo de madre aragonesa,  nació en la ciudad de Calvi en la isla de Cerdeña, cuando pertenecía al Reino de Aragón hasta que en 1481 fue conquistada por la República de Génova. Siendo así, se esclarecen buena parte de las cuestiones no resueltas  por las otras tesis  oficial, por ejemplo la ya citada de que no hablara el italiano y si el castellano; también  el hecho de que el propio Colón dijera que era genovés, y que, en este caso se entendería como una mentira a medias, porque todos los súbditos de Córcega fueron  tratados como genoveses después de su conquista, algo que a Colón le pudo venir como “anillo al dedo” dado que así ascendía en su estatus social. Pero, sobre todo, porque según la investigadora, la familia Colón habría tenido litigios importantes con la propia Corona de Aragón, lo que explicaría definitivamente que tratara de eludir su lugar de nacimiento y se comprende también  así el desencuentro permanente que mantuvo el Almirante  con el Rey Fernando.

Sin embargo, Azuara argumenta que Colón nació en 1436, lo que significaría que tendría que haber descubierto América con 56 años, siendo un anciano tullido y que todavía tardaría 14 años más en morir, haciéndolo a la edad de 70 años. Si se tiene en cuenta que la esperanza de vida en aquella época apenas llegaba a los 40 años, parece bastante improbable la cronología que de Colón hace la autora.

Creo que lo que ocurre con esta interesante teoría del Colón aragonés, se puede extrapolar al resto de tesis que difieren del Colón nacido en Génova, de manera que, como dice Consuelo Varela, una de las escritoras colombinas  más reconocida, “no resisten en ningún caso la comparación con las pruebas documentales presentadas por la versión oficial”. Y, en general, hay que decir, que la mayoría de los autores expertos en el tema, no tienen en cuenta ninguna otra versión diferente de la oficial.

Así que, en conclusión, yo me sigo quedando con la versión del Colón nacido en Génova, a pesar de sus “sombras”.

Lo que no quita para que al tratar los orígenes de Colón, no pueda evitar expresar mi perplejidad con lo que ocurre en los EE.UU. con motivo del 12 de Octubre, en  el llamado  “Columbus Day” porque allí, cada año, los italianos unen la gesta del Descubrimiento a los colores del país transalpino; sorprende porque, aceptando que Colón era genovés, sería bueno que recordaran que Italia no existía como estado en 1492.

De todas formas, si este enigma del nacimiento de Colón pudiera esclarecerse del todo confirmándose el lugar exacto en cualquier parte del mundo, poco cambiaría el curso de la historia. No hay ninguna duda de que la gesta fue castellano-aragonesa al completo,  porque después de que Colón presentara su proyecto en Portugal y de manera indirecta, a través de su hermano Bartolomé, en Inglaterra y Francia, sólo los Reyes Católicos fueron quienes financiaron y organizaron el proyecto de Colón posibilitando así el descubrimiento del Nuevo Mundo.

 

Colón, el marino

Como marino fue sobresaliente

Siempre había oído que Colón había sido el mejor navegante de su época. Ahora que conozco mejor su biografía, rebajo un poco el calificativo de manera que creo que fue un marino sobresaliente superando en algunos aspectos a la mayoría de los otros navegantes.

De Colón hay que decir que nunca fue un marino profesional, no fue propietario de barco alguno y, curiosamente, como apuntó el almirante Julio Guillén, “jamás afirmó que había mandado nave alguna”.

Debió comenzar su singladura como marino cuando con 14 años, se embarcaba en las naves que zarpaban de Génova como “marinero de cubierta” acompañando la mercancía que sus padres, dedicados al negocio textil (cardaban la lana), vendían en diferentes puertos del Mediterráneo.

En este mar se familiarizó con la navegación de cabotaje, que como su propio nombre indica, consistía en navegar de cabo a cabo, siempre con la tierra a la vista; tenía que ser así porque apenas existían ayudas a la navegación y porque, además, al navegar cerca de la costa, aprovechaban los vientos más favorables y siempre podían refugiarse en algún lugar, en el caso, muy probable, de que los corsarios o piratas amenazaran con robar la carga.

A la edad de 25 años  y debido a un naufragio al sur de la costa de Portugal, junto al Cabo de San Vicente, a Colón le cambia la vida al quedarse a vivir en tierras lusas. Portugal era entonces la principal potencia marítima europea, impulsada por el príncipe Enrique el Navegante y siempre en competencia con la marina castellana. Allí Colón, va a sufrir una importante metamorfosis, al cambiar su navegación meramente comercial, por otra de carácter descubridora y que, a la postre,  significaría su razón de ser el para el resto de su vida.

Pensemos que Portugal estaba enviando a sus navíos a recorrer el litoral africano hacia el sur, con la idea de explotar ese continente aún por descubrir en esas latitudes y sobre todo, para tratar de encontrar una ruta que hacia el este les condujera hacia las Indias de Marco Polo, algo codiciado por todas las potencias europeas del momento.

Las naves portuguesas en principio tampoco se separaban mucho de la costa, máxime en esa Mar Océana calificada de “tenebrosa” por cuanto las supersticiones y leyendas de la época auguraban catástrofes de dimensiones incalculables para aquellos marinos que osaran adentrarse en sus aguas.

Pero las carabelas portuguesas tuvieron que buscar la manera de regresar a sus puertos desde el litoral africano, eludiendo los vientos de proa que se encontraban en sus rutas de retorno, estableciendo lo que se denominó “la volta da mina”, que consistía en separarse de tierra navegando hacia el interior del océano para encontrar otros vientos procedentes de la corriente del golfo que ayudaran a esos marinos en su regreso.

Al  navegar con esas derrotas, los portugueses se fueron estableciendo en los diferentes archipiélagos hoy territorios portugueses: Azores, Cabo Verde y Madeira y lo, que es más importante desarrollaron una manera de navegar más compleja y exitosa: la “navegación de altura”, por la que, obligados a perder de vista la costa, tuvieron que determinar  las posiciones de sus barcos y los rumbos necesarios utilizando la “navegación a la estima” primero y luego desarrollando nuevas ayudas a la navegación: el cuadrante, el astrolabio, la brújula… (ésta última aunque inventada por los chinos hacía ya mucho tiempo, resultó de mucha utilidad para los portugueses en esa nueva manera de navegar).

Y todo esto, Cristóbal Colón, con su natural curiosidad intelectual y su interés por el conocimiento,  lo fue aprendiendo e interiorizando de tal manera, que sorprendía su extraordinaria capacidad para  interpretar todo lo que tuviera que ver con el arte de navegar.

Así vemos que eligió para su primer viaje los rumbos de ida y vuelta a las “Américas” con tal exactitud, que esas derrotas, siguen siendo las mismas que utilizan hoy los barcos a vela que cruzan el Atlántico.

En el año 1502, avisó al Gobernador de la Española, a Nicolás Ovando, el mismo que nombraron los Reyes Católicos para relevar al propio Almirante,  sobre la conveniencia de que una importante flota lista para zarpar de regreso a España, no lo hiciera dado que el predecía que se produciría un fuerte huracán en las siguientes días. No le hicieron caso, Colón se refugió con sus cuatro carabelas, pero la flota de 30  barcos al mando de Francisco de Bobadilla, el mismo que, en el año 1500, mandó a Colón prisionero de regreso a España, salió del puerto y a los dos días sufrieron el huracán anunciado por Colón,  naufragando 25 barcos y muriendo más de 500 hombres, entre ellos el propio Bobadilla.

En otra ocasión, en su desastroso cuarto viaje, estando aislado en la isla de Jamaica y cuando su vida y la de sus hombres corrían peligro de muerte por inanición dado que los indígenas se negaron a proporcionarles más alimentos, Colón fue capaz de  predecir también un eclipse de luna que le sirvió para convencer a los nativos de que los dioses se estaban  "enfadando" con ellos, de manera que volvieron a ser socorridos. Más allá del uso astuto de sus conocimientos, este suceso evidencia la extraordinaria preparación técnica de Cristóbal Colón.

Y los mismos Reyes Católicos, nunca dejaron de tenerlo como asesor en materia naval cuando sus hijas casadas convenientemente con los monarcas europeos regresaban a España, de manera que Colón, con acierto, les indicaba el momento y los mejores puertos para desembarcar.

Pero uno de los datos que a mi  más me impresiona de la biografía de Colón y la gesta del Descubrimiento de América, es que los marinos portugueses, que, como se ha dicho, lideraban las exploraciones marítimas de la época, podían estar hasta 4 ó 5 días sin ver tierra y ya era toda una proeza; pues bien, nuestros marinos, Colón, Martin Alonso Pinzón y los 90 tripulantes de la Pinta, la Niña y la Santa María, en su primer viaje hacía el oeste buscando la ruta de las Indias, fueron capaces de multiplicar por siete veces la temeridad de los navegantes lusos, al estar desde el 6 de septiembre hasta el 12 de octubre de aquel año 1492, 36 días sin ver tierra.

Definitivamente, Colón y sus tripulaciones, con su primer viaje, superaron con mucho a los navegantes portugueses demostrando no sólo dominar el arte de navegar, sino un valor y una determinación sencillamente extraordinarios.

 

La objetividad aplicada a Colón

¿Héroe o villano?

Confieso que después de tantos años siguiendo la estela colombina, éste es el día en que sigo tratando de ser objetivo a la hora de valorar a Colón y su gesta y no sé si lo consigo.

Y es que creo que no es nada fácil ser objetivo con un personaje tan controvertido.

Primero, porque no existe la objetividad absoluta y que me perdonen los filósofos que me puedan leer, pero creo que no me equivoco si digo que la objetividad es la cualidad del “objeto” -o la valoración neutral si se quiere- que sólo puede hacer el “sujeto”, quién por mucho que lo pretenda nunca podrá desprenderse por completo de su valoración personal.  Digamos que es imposible que valorando a Colón coincidamos de manera objetiva, un peruano, un español, un inglés o un portugués.

También porque todos incurrimos en el “presentismo” de manera que enjuiciamos con los ojos de hoy, aquellos sucesos de hace más de 500 años.

Y por último, porque creo que con Colón se produjo un efecto pendular que ha contribuido a confundirnos un poco más a todos. Pensemos que con motivo del IV Centenario del Descubrimiento, en 1892, se “desempolvó” al “Colón bueno” y se nos presentó como un personaje místico, soñador, visionario  y romántico. Incluso estuvieron a punto de canonizarlo como santo. Pero al celebrar el V Centenario en 1992 allí pesó más el “Colón malo”, el de la Leyenda Negra, el conquistador torturador de indígenas.

Ya he escrito en este foro que el Almirante, al igual que el resto de nuestros conquistadores no fueron ni ángeles ni demonios y no se debe ocultar que Colón fue un hombre difícil en su trato con los demás y que como mando alcanzó su máxima incompetencia. De Colón se pueden decir muchas cosas negativas, pero también da la impresión de que al valorarle perdemos la objetividad, caemos en aquello de que “los árboles no dejan ver el bosque” y nos olvidamos de la magnitud de su gesta.

Que, por cierto, la mejor defensa del Descubridor, la hizo él mismo  cuando protagonizó lo que hoy conocemos como “El huevo de Colón”.  

"El huevo de Colón"

Colón con los nobles sevillanos

El humanista Benzoni escribió en 1465 que Cristóbal Colón, tras regresar de su primer viaje en el que descubrió el Nuevo Continente, se encontraba compartiendo mesa con unos nobles en la ciudad de Sevilla, cuando aquellos comensales pretendieron ningunearle alegando que si él no lo hubiera hecho seguramente otro lo hubiera realizado en cualquier momento y que, en definitiva, el tema no era para tanto.

Al parecer Colón pidió al tabernero un huevo y retó a sus detractores a que fueran capaces de colocarlo de pie, en posición vertical, sin ayuda de nada. Obviamente tuvieron que rendirse y a continuación el Almirante, golpeó sutilmente uno de los extremos del huevo y al “achatarlo” consiguió dejarlo de pie ante el asombro de todos.

Esta anécdota, mitad historia mitad leyenda, la recoge actualmente la RAE que nos dice que esta expresión de “El huevo de Colón”  significa que "una cosa que aparenta tener mucha dificultad resulta ser fácil al conocer su artificio". Pero me parece más interesante aún el hecho de que la anécdota explica muy bien la magnitud de la gesta colombina.

Y es que Colón no fue aquel loco visionario que nos hicieron creer que se lanzó como un kamikaze hacia el oeste para, con un golpe de fortuna, encontrarse con América. No, el Descubridor, fue el único que se atrevió a hacerlo, que no es lo mismo. Porque hay que decir que en aquella época, eran muchos los que miraban hacia poniente seguros de que tenía que existir otra civilización al alcance de sus barcos. A las costas occidentales de todo el continente europeo, desde Inglaterra a Portugal, llegaban habitualmente muchos indicios de esa otra vida: maderas labradas, vegetaciones atípicas e incluso cadáveres con rasgos orientales. Pero Colón fue el único que se atrevió a lanzarse en busca de esa otra tierra a través de la “Mar Tenebrosa” y cuando lo consiguió, sólo seis meses después de volver a España, una nueva flota, en este caso con diecisiete buques y mil quinientos hombres zarparon de nuevo rumbo a las Indias por la ruta abierta por el Descubridor y sus hombres. Y a partir de ese momento, el flujo de europeos que quisieron hacer las “Américas” fue incesante.

Cuando los rusos se atrevieron y lanzaron en una capsula al primer ser humano al espacio, el cosmonauta Yuri Gagarín en abril de 1961, no había pasado ni un mes cuando los americanos hicieron lo mismo enviando al astronauta Alan Shepard a bordo de la nave espacial Freedom 7.

Cuando el cardiólogo  Christian Barnard, se atrevió y realizó el primer trasplante de corazón a un ser humano  en la Ciudad de El Cabo en Sudáfrica, en diciembre de 1967, sólo un año después se habían efectuado, entre Europa y Estados Unidos, otros ciento dos trasplantes cardíacos y entre ellos el primero acometido en España por el doctor Martinez Bordiú en el hospital de  La Paz de Madrid, el día 18 de septiembre de 1968.

Efectivamente, son innumerables los avances de la humanidad a lo largo de la historia, que sólo fueron posible gracias al atrevimiento de alguien que fue capaz de hacer realidad lo que reza en la frase de Henri Barbouse: “Es intentando lo imposible cuando se consigue lo posible”.

Cruzar la “Mar Tenebrosa” en 1492, sólo fue posible y además fácil de hacer, cuando el “loco” de Colón se atrevió y lo hizo primero. Y lo hizo “tan fácil” como mantener un huevo de pie.

 

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Ignacio | Respuesta 22.12.2015 23.50

Hola Marta; aunque he leído acerca del origen gallego de Colón no he visto el vídeo que me sugieres; lo veo y te comento mi parecer. Muchas gracias!

Marta CG | Respuesta 22.12.2015 22.11

Colón era GALLEGO, concretamente era Don Pedro Álvarez de Soutomaior. Echa un ojo: https://www.youtube.com/watch?v=r8d0sikl-ew&feature=share

Antonio Moreno García | Respuesta 12.03.2015 14.00

Mi comandante: recuerdos de tu ex-jefe (J.A.S.) en la escuadrilla de helos . Disfruto de agradables tertúlias con él en su casa de Reus.
Abrazos, Antonio M.

Ignacio Mollá | Respuesta 29.01.2014 18.37

Gracias Eloy; es cierto que siendo rigurosos deberíamos denominarlo el "Descubrimiento de los europeos", pero después de 500 años, ya no es fácil cambiarlo

Eloy | Respuesta 29.01.2014 01.59

Y quisiera agregar que, me ha parecido muy atinada la investigación. Lo felicito por darnos luces, a los poco conocedores, sobre ese personaje tan interesante

Eloy | Respuesta 29.01.2014 01.54

Saludos, aunque no estoy de acuerdo con el termino "Descubrimiento", siempre he admirado el coraje, la vision y la determinacion de los grandes navegantes.

Fernando | Respuesta 15.06.2013 10.36

Gracias a ti Ignacio, tomo prestados tus argumentos para defender la gran labor de España, con sus luces y sombras, en el descubrimiento y conquista de América

Ignacio Mollá | Respuesta 13.06.2013 20.35

Mil gracias por tu comentario Fernando. El profesor Bertocchi, escribió su artículo en la revista PROA A LA MAR (Nº163) de la Real Liga Naval Española. Saludos

Fernando | Respuesta 13.06.2013 09.28

Muy interesante la explicación del porqué del paso de la navegación de cabotaje a la de altura.
¿Es posible tener acceso al articulo del profesor Bertocchi?

Luis | Respuesta 11.06.2013 20.43

Fascinante hermano! Me gusta mucho lo que explicas y cómo lo explicas. Se lee con ganas. Un abrazo

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Comentarios

18.07 | 18:11

COMO NO ME VA A GUSTAR, SI CUANDO ERA UN IMBERBE CADETE DE PRIMER AÑO, TUVE LA SUERTE DE SER COMISIONADO A VISITAR AL "JUAN SEBASTIÁN" .
MOMENTOS Q NO SE OLVIDA

...
17.07 | 18:48

Estimado señor Panizo,

Debo fechar una foto que tengo de mis padres en un agasajo a los visitantes del Elcano al Callao en 1952. ¿Puede Ud. ayudarme? Gracias.

...
10.07 | 19:21

Acabo de leer tu comentario. Siento la equivocación. Un abrazo

...
10.07 | 19:21

Gracias a ti por el comentario

...
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